En la línea de fuego 253
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—No, solo sé que no eran del personal médico autorizado.

No reconocí a ninguno de ellos.

Estaba convencida de que tenía más cosas que decir, pero vi el momento exacto en el que palideció cuando sus ojos se posaron hacia algo detrás de mí.

—Bonita charla. —La voz de la directora sonó desde lo más profundo del pasillo.

Lexi y yo nos miramos brevemente antes de girarnos.

Beth la miraba desde su lugar con un profundo odio en sus ojos.

Su porte alto y firme denotaba una mujer acostumbrada a liderar. Mantenía ese aspecto impoluto, con su pelo rubio cenizo en un recogido moderno que no dejaba espacio para un solo cabello fuera de lugar.

Sus ojos eran agudos, penetrantes, y su expresión, aunque serena, transmitía una firme determinación. No había rastro de indulgencia en su mirada, solo la expectativa de que las cosas se hicieran a su manera. Tan solo con mirarla sentías la necesidad de seguir sus instrucciones sin cuestionarlas.

—¿Puedo unirme yo también? —preguntó con un claro to-no sarcástico.

—Claro. —Sonreí de oreja a oreja, a pesar de ser lo último que me apetecía hacer—. De hecho, esta conversación no tendría sentido sin usted.

—Me alegro de haber aparecido, entonces.

Di unos pasos para acortar la distancia entre nosotras.

—Estábamos hablando de los sótanos de este hospital.

¿Ha ido alguna vez?

Noté que su expresión dejaba entrever un destello de tensión, aunque fue apenas un instante antes de volver a colocarse su máscara.