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Mis piernas, guiadas por la furia y la adrenalina del momento, se dirigieron automáticamente hacia esa persona.
—¿Y ahora a dónde va? —escuché que preguntaba Beth en voz alta.
Mike se giró en cuanto la escuchó, y fue en ese instante cuando me vio venir. Y por su rostro, sabía que iba directa hacia él. Me miró con los ojos muy abiertos, repasándome con la mirada de arriba a abajo cuando me planté justo delante de él.
—¿Qué viste esa noche?
—¿Q-qué. .?
Su respuesta titubeante no hizo más que aumentar mi irritación.
—¡Contesta!
—Deberías volver a tu habitación.
—Y tú deberías contestarme si no quieres que te meta en un buen lío.
—No sé de qué estás hablando —respondió Mike, con gotas de sudor en la frente.
Lexi apareció a mi lado, tratando de poner fin a la situación.
—Tal vez deberíamos calmarnos un poco.
Pero no le hice caso.
—Si no hablas, lo descubriré de alguna manera. Y si estás involucrado, ya puedes ir preparándote para las consecuencias.
Mike tragó saliva, nervioso. Pareció debatirse en si hablar o no.
—Eran un grupo de personas —dijo finalmente—. Iban todos vestidos de blanco.
—¿Y sabes quiénes eran esas personas?