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Yo, por el contrario, me encontraba bien. Sentía una agradable sensación de relajación, como si mis músculos estuviesen sueltos. Incluso un poco desinhibida, tal vez. Pero no al nivel de ir completamente ebria.
Estaba apoyada en una de las paredes de la entrada de la bodega, esperando a que Beth se encontrara mejor para marcharnos. Volteé la cabeza cuando una luz de una de las paredes comenzó a parpadear de una forma tan sutil que me hizo devolver la mirada al frente, soltar un suspiro, y seguir esperando con paciencia.
En otras circunstancias hubiese creído que era una simple luz en mal estado debido a la antigüedad de ese lugar. Sin embargo, cuando mi mente atribuyó ese fenómeno a los extraños sucesos que habían ocurrido en ese hospital, me obligué a girarme de nuevo y prestarle atención.
Fue justo entonces cuando la luz dejó de parpadear, y otra luz cercana se dispuso a hacerlo. Ya había presenciado e-se acontecimiento antes, y extrañamente me condujo hacia Nolan. Tal vez, si lo hacía ahora. .
Me giré hacia Beth y Lexi antes de considerar la opción.
No creí que notaran mi ausencia por unos minutos, así que sin decirles nada me despegué de la pared y me adentré en el pasillo de las luces parpadeantes.
Seguía sin encontrarle una explicación lógica, pero estaba empezando a creer que alguien manipulaba las luces desde el panel de control o algo así —si es que eso era posible, claro—. Pero estaba convencida de que eso no era un fallo eléc-trico, incluso muchos guardias ya se habían dado cuenta de ello.
Algo extraño ocurría aquí.
Mis pasos resonaban en el pasillo mientras mantenía mi atención ante cualquier cambio en las luces. Justo cuando 250
estuve a punto de tomar un nuevo camino, las luces se apa-garon de golpe, dejándome en la oscuridad total.
Todos mis sentidos se pusieron en alerta cuando escuché unos pasos acercarse. Fue tan repentino que no me dio tiempo a esconderme, pero no hizo falta ya que mi pasillo era el único que estaba sumido en la penumbra, por lo que cuando un grupo de personas pasó por delante de mí no me vieron.
Ese día la suerte estaba de mi lado.
Pero esas personas no parecían guardias, y eso me resultó extraño. Todos iban vestidos con batas blancas. Hablaban en un tono apresurado, así que no pude entender las palabras exactas que estaban diciendo.
Tuve que cubrirme la boca con una mano cuando dos personas más aparecieron detrás de ese grupo transportando en un carro camilla lo que parecía ser un cuerpo cubierto por una tela blanca. Y la manera en que lo hacían sugería que estaban acostumbrados a esta tarea.
—. . y hay que asegurarse de que los protocolos de seguridad son suficientes —escuché que decía uno de ellos.
—Sí, no podemos permitirnos otro incidente como el del mes pasado —contestó otro hombre.
Fue todo lo que alcancé a oír antes de que desapareciera por otro pasillo.
Comencé a retroceder lentamente. Mi vista se desenfocó por un segundo, y sentí que mi corazón latía con fuerza. Me pregunté qué demonios estarían transportando en esa camilla. Porque eso no podía ser un cuerpo humano, me negaba a creer eso. Es decir, ¿qué sentido tendría?
De pronto tuve mucha prisa por ir a las demás y advertirles de lo que acababa de ver. Sin perder más tiempo, di media vuelta y comencé a correr sin mirar atrás, tratando de alejarme de lo que sea que estuviera ocurriendo en las pare-251
des de ese sótano.
Por poco choqué contra dos personas cuando doblé una esquina a toda velocidad.
—¡Clarke! —pronunció Beth. Tenía mejor estado que antes—. ¡Te estábamos buscando! ¿A dónde. .?
—Hay que largarse de aquí —la interrumpí con la respiración jadeante—. Ya.
Beth y Lexi voltearon para mirarse a la vez, pero no les dio tiempo a formular cualquier pregunta que se estuviesen haciendo porque un sonido inconfundible resonó en el pasillo.
Eran pasos pesados y decididos.
Y se estaban acercando hacia nosotras.
La expresión de confusión en sus rostros se transformó en una de alarma y preocupación. Eso fue motivo suficiente para que las tres echáramos a correr. Tuve que tomar la delantera ya que los pasos de las demás eran algo torpes por el alcohol.
Corrimos a través de pasillos oscuros y giros confusos, buscando desesperadamente la salida. La adrenalina bombeaba en nuestras venas mientras nos esforzábamos por mantener el ritmo.
Cuando al fin encontramos las escaleras, subimos los escalones de dos en dos, jadeando y sin mirar atrás. Una vez llegamos a la primera planta, nos permitimos recobrar el aliento.
—¿Nos vas a decir. . a dónde demonios. . has ido? —inquirió Lexi, intentando recuperar el control de su respiración entrecortada.
Pero no le contesté, porque mi atención se desvió hacia la única persona que había al final del pasillo. Estaba paseándose de un lado a otro, vigilando el pasillo con aire aborrecido.
No parecía haberse dado cuenta de nuestra presencia.