En la línea de fuego 248
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—¡¿Qué?! ¡N-no!

Era la primera vez que la veía tartamudear.

—Clarke, te toca —dijo Beth, intentando recobrar la compostura.

—No me vas a preguntar a mi también si me gustan las mujeres, ¿no?

—Oh, cállate.

Lexi y yo comenzamos a reírnos.

—Bueno, ¿lista para tu pregunta? —inquirió Beth.

—Dispara —dije con una mirada desafiante.

—¿Te has acostado ya con Adler?

—De todas las preguntas que podías hacerme, ¿solo se te ocurre esa?

—Siento curiosidad. Y no solo yo, el otro día Nils me preguntó si tú y Adler estabais enrollados.

—¿Nils? ¿Y ese quién es? —preguntó Lexi.

—Otro de sus pretendientes —contestó Beth, encogiéndose de hombros.

—Pues no, no nos hemos acostado. Ya puedes ir corriendo a Nils a decírselo.

Seguimos haciendo preguntas, algunas más incómodas que otras, mientras le dábamos tragos a la botella y nos reíamos por las reacciones de todas, en especial las de Beth.

Nunca imaginé que sería tan divertido incomodar a una persona tan segura como ella.

Una hora más tarde, Beth estaba en una esquina devolviendo al mundo la mitad de la botella de vino que se había tomado. Lexi le sujetaba el pelo con una mueca de desagrado, aunque no es que estuviese mejor que ella. Supongo que no tuvieron en cuenta lo mucho que podía llegar a emborrachar un buen vino.