237
Mientras analizaba otras imágenes, me di cuenta de que en muchas de ellas aparecía un hombre de unos cincuenta años con el cabello blanco.
—Antes has mencionado que no tiene padres registrados,
¿verdad? —Entrecerré los ojos, sin apartar la mirada.
—Mhm. .
—¿Y quién es este, entonces? —señalé una figura en la fotografía.
Lexi se asomó.
—Quizás sea un familiar.
—Déjame ver su certificado de nacimiento —le pedí, pues lo tenía en sus manos.
Me lo tendió y lo examiné meticulosamente.
—¿Por qué no tiene ningún tutor legal?
—Porque es mayor de edad —dijo Lexi, como si fuese obvio.
Sabía con certeza que, cuando una persona alcanza la mayoría de edad, se le considera legalmente competente y capaz de tomar decisiones por sí misma. Pero me preocupaba el hecho de que no lo tuviera antes.
—Aún así, se le debería haber asignado uno cuando nació, y no sale registrado ningún nombre. ¿Con quién ha estado viviendo todo este tiempo?
Ambas entrelazamos una mirada de desconcierto, dándonos cuenta de que cada vez surgían más preguntas en vez de respuestas.
—Mañana hablaré con Foster —dictaminé—. Le pediré que organice entrevistas a los entrenadores de boxeo que tuvo para saber cómo se comportaba antes, si hubo incidentes con sus compañeros o tenía indicios de violencia. Y que ave-rigue quién es ese hombre. Si es cierto que tiene un trastor-238
no antisocial de personalidad, deberían haberse manifestado esos patrones de comportamiento antisocial desde la adolescencia.
—¿Y si realmente es cierto que padece ese trastorno?
—Pues el caso se cerrará y podremos al fin salir de aquí.