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Mis ojos no lograban discernir nada más allá de la negrura.
Era un lugar oscuro y desolado. No había nada a mi alrededor, era como si estuviese atrapada en un abismo sin límites perceptibles. Ni paredes que delimitaran el espacio, ni objetos que pudieran orientarme de alguna forma, ni personas a las que pudiese acudir. Nada. Solo un espacio vacío y perturbablemente silencioso.
Comencé a caminar sin rumbo, pero cada paso que daba no conducía a ninguna parte. Simplemente andaba, buscando inútilmente alguna salida.
De pronto vislumbré una silueta emerger de la negrura.
Mis pies se detuvieron al instante. Su presencia se volvía más clara a medida que se acercaba, y fue imposible no saber de quién se trataba. Esos hombros anchos, esa figura esbelta, ese hermoso rostro. .
—¿Nolan? —murmuré, escudriñándolo con mis ojos.
Se detuvo a pocos metros de distancia.