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¿Qué demonios hacía ella aquí?
Mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad, tratando de encontrar una explicación lógica ante su presencia. ¿Sería parte de la operación?
—¡Maya! Te presentó a Clarke —dijo Beth.
—Hola, encantada.
Extendió mi mano hacia mí con una sonrisa cálida, como si no nos conociéramos. Como si no hubiésemos compartido tiempo juntas, ni hubiésemos hablado durante horas en el Coffee Mill, la cafetería a la que solíamos ir en el descanso de nuestra larga jornada de trabajo.
Traté de mantener la compostura y devolver el saludo con una sonrisa forzada. Porque estaba claro que aquí dentro de-bíamos fingir ser dos desconocidas.
Ella se sentó a mi lado y Beth empezó a proponer sus ideas, haciendo mil sugerencias, pero mi mente estaba ocupada en la chica que tenía al lado.
En cuanto las personas empezaron a levantarse para dar por terminada la comida, vi cómo ella me hacía un ligero movimiento con la cabeza para que la siguiera antes de que desapareciera por uno de los pasillos de la primera unidad.
Me excusé diciéndoles a los demás que tenía que ir al baño antes de abandonar el comedor.
—¡Oye! ¡Teníamos que hablar sobre el plan de esta noche!
—alcancé a oír a Beth.
La seguí a una distancia prudente para no levantar sospechas, y cuando estuvimos lo suficientemente alejadas de las miradas y los oídos curiosos, nos reunimos en un lugar que quedaba oculto entre las sombras.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté en voz baja, indignada y preocupada a partes iguales—. ¿Cómo te has involucrado en todo esto?