En la línea de fuego 228
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Le devolví la sonrisa y me senté al lado de Adler, que ya me miraba de esa forma que estaba empezando a odiar.

La conversación continuó, pero en algún momento mi mente se desconectó de la realidad. Los observé hablar y re-ír, pero todo sonaba lejano, como si estuviera atrapada en u-na burbuja de mis propios pensamientos.

—¿Cómo estás? —me preguntó Adler en un tono más confidencial, con la clara preocupación en sus ojos.

Traté de esbozar una sonrisa convincente.

—Lo estoy llevando.

Fue imposible ocultar el intenso dolor que embargó mi ser cuando recibí esa noticia, por lo que no tardaron en notar que algo me ocurría. Como se suponía que la Clarke que había ideado en mi cabeza ya había perdido a sus padres, no podía contarles la verdad, así que me limité a decirles que había perdido a un familiar, sin dar más detalles.

—¿Hoy también vas a dejarte la mitad? —cuestionó, desviando la mirada hacia mi bandeja.

—Las salchichas están demasiado frías.

—Sí, y ayer estaban demasiado saladas.

Supongo que esperaba a que dijese algo al respecto, pero hacía tiempo que había perdido el interés en crear discusiones absurdas.

—Tienes que comer algo, Clarke.

Cada bocado se volvía un desafío. La comida, que ya de por si estaba mala, ahora había perdido su sabor, como si el dolor hubiera afectado también mi capacidad de disfrutar las cosas más simples de la vida.

—¿Crees que no lo intento? —espeté—. Y no ayuda en absoluto que la comida de este lugar parezca que la hayan sacado de un vertedero.