En la línea de fuego 225
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Mi voz llevaba consigo un tono de indignación y dolor acumulado—. ¿Crees que fueron capaces de ir a sus trabajos sabiendo que sus hijas habían muerto en manos de un asesino?

¿Crees que pudieron hacer vida normal después de volver a casa y ver que ya no estaban? ¿Que habían muerto de la forma más cruel que puede morir un ser humano, que es en manos de un monstruo?

Su rostro reflejaba compasión, pero también preocupación por mi estado emocional.

—No, por supuesto que no. Es solo que. .

—No necesito que decidas por mí, Landon.

Cogí la carpeta y comencé a avanzar hacia la puerta de la sala.

—Al menos piénsatelo —escuché que decía a mis espaldas, suplicante.

* * *

Landon tenía razón, si estaba aquí era únicamente por mi padre. Y pensé que sería capaz de seguir adelante con esto, pero al parecer no estaba tan preparada como creía.

Pasó una semana, dos. . o tal vez más. Lo cierto es que perdí la cuenta. La soledad me envolvió, aún cuando estaba rodeada de gente. Cada día se volvía una batalla interna, y los días pasaban como un borrón difuso. Aunque intentaba seguir adelante con el caso, la realidad era que no me sentía preparada para enfrentarme a ella.

Desde que él se fue, dejaron de haber matices de colores en mi vida. Ahora lo veía todo negro, opaco, oscuro. Ya no encontraba el fulgor que solía percibir incluso en las cosas más insignificantes. Todo dejó de brillar. Los sentimientos, en lugar de ser aliados, se volvieron en mi contra, y el aire se 226

volvió tan asfixiante que me costaba respirar.

Los sabores eran amargos y el silencio uno de mis peores tormentos. Porque, cuando no hay distracciones, los pensamientos se abren paso. Y no hay nada peor que estar atrapado física y mentalmente en un lugar sombrío.

Al principio el inspector Foster trató de contactar conmigo, pero al final comprendió que necesitaba pasar esta etapa sola y que sería inútil que hablara conmigo si ni siquiera me había empeñado en seguir con la misión. Así que dejó de hacerlo.

Me preguntaba una y otra vez por qué a mí, por qué tenían que suceder las cosas de esta manera.

No ayudaba despertarme cada mañana sola en esa fría y oscura habitación, con una sola ventana protegida por barrotes y sin ningún objeto con el que pudiese sentirme iden-tificada. No había nada ahí que revelase que, de alguna forma, pertenecía a ese lugar. Tan solo la carpeta que me dio Landon, la cual todavía no había podido abrir, pues era un misterio que aún no me sentía con ánimos de descifrar.

En cuanto menos me lo esperé, el invierno llegó. Estaba observando a través del cristal de la ventana cómo los copos de nieve descendían delicadamente hasta acumularse en el marco que sostenía el vidrio.

Giré la cabeza de forma automática y mis ojos se clavaron hacia el rincón oscuro de mi habitación. No supe explicarlo, pero fue como si algo me impulsara a mirar hacia ese lugar.

Aunque no había nadie ahí.

Meneé la cabeza antes de volver a centrarme en la ventana.