En la línea de fuego 210
30%

210

Entonces vi que una de las luces del pasillo parpadeaba.

Nadie se dio cuenta de ese detalle, o simplemente no le dieron importancia en medio de ese caos. Pero, tras oír varias historias donde eso sucedía sin motivo aparente, quise indagar. Y la curiosidad pudo conmigo.

Aproveché el momento en que Adler se alejó un instante con Beth para intentar calmar a Lily, que la pobre estaba temblando de pies a cabeza, para escabullirme.

Presenciar tres muertes en dos días no era algo que un ser humano pudiera soportar. Requería una preparación mental que, incluso yo, acostumbrada a enfrentarme a la realidad de la muerte en mi trabajo, no poseía. Nunca se podía estar completamente preparado para el impacto emocional de perder vidas ante nuestros ojos.

Aún así, jamás imaginé que en esta misión hubiesen tantas muertes de por medio. Pensaba que enfrentarme al asesino más temido del país sería el único desafío al que me en-frentaría, pero estaba muy equivocada.

Me adentré aún más al pasillo, dejando atrás la sala que estaba centrada en el cadáver que yacía en el suelo.

No creía en los fantasmas, y no iba a hacerlo ahora. Pero necesitaba una explicación lógica de todo esto. ¿Luces que parpadeaban solas? ¿Corrientes eléctricas que estallaban sin motivo? No, tenía que haber algo más y no un par de almas malignas intentando manifestarse de cualquier modo.

A medida que avanzaba, una luz distinta parpadeaba, co-mo si me estuviera guiando hacia alguna parte. Mi corazón seguía latiendo con tanta fuerza que estaba empezando a temer por él.

Las luces dejaron de parpadear justo frente a una puerta, tal y como ocurrió en esa historia que escuché de uno de los guardias en el despacho. Impulsada por una fuerza que no 211

podía comprender, giré el pomo de la puerta y entré.

La habitación estaba oscura, pero la tenue luz de las luces del pasillo filtraba lo suficiente como para revelar que estaba vacía. No me sorprendió que no hubiese ningún paciente en ella, ya que en esos momentos todos estaban congregados en el comedor.

Mientras seguía analizando el interior de la habitación con los ojos entrecerrados, una mano fría y firme me cubrió la boca desde detrás, silenciando cualquier intento de grito.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente, y todo mi cuerpo se tensó.

En un movimiento rápido mi atacante me condujo hasta la pared más próxima, chocando mi espalda con ella a la vez que se posicionaba justo frente a mí, manteniendo su mano firmemente sobre mi boca y agarrando mi brazo con la otra.

Era tan alto que tuve que alzar la mirada para observarlo, pues mi cabeza estaba a la altura de su pecho. Cuando sus ojos oscuros se encontraron con los míos, mi corazón simplemente. . se detuvo.

Su cabello era tan oscuro que parecía sumirse en la oscuridad, al igual que sus cejas. Tenía una mandíbula fuerte y definida, y estaba decorada por una barba escasa que la enmarcaba aún más.

Era probablemente el rostro más bonito que había visto jamás, y seguramente me hubiese quedado hipnotizada en e-se instante si no fuese porque el chico que tenía enfrente era el mismísimo Nolan Jenkins.