En la línea de fuego 207
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—Yo de ti andaría con cuidado, Clarke.

Quizás para los demás les había resultado un bonito gesto de Margot porque teóricamente se estaba preocupando de mi bienestar. Pero solo yo noté el destello de advertencia en la frase.

Sentí cómo mis dientes se apretaban con determinación.

Nuestras miradas retadoras se aferraban una a la otra, como si ninguna de las dos estuviera dispuesta a ceder.

—Margot, ¿verdad? —inquirí, tendiéndole la mano con una sonrisa fingida.

—La misma. —Sonrió, uniendo nuestras palmas.

—Te creía más lista.

Se le formaron dos finas líneas entre sus cejas.

—¿Qué quieres decir?

—No es muy inteligente reunir a todos los pacientes en un espacio tan amplio como es el comedor. En situaciones de riesgo, lo ideal sería dispersar a la gente para reducir el número de heridos. De este modo, lo único que estás consi-guiendo es justo lo que él quiere; causar el mayor número posible de víctimas. En el peor de los casos, ya habrá conseguido un arma, y le va a ir de perlas que nos encuentre a todos en un mismo lugar, ¿no crees?

Tragó saliva con fuerza.

—Concentrarnos a todos aquí nos convierte en un blanco fácil —añadí, ejerciendo aún más presión en nuestro agarre—. Así que, quizás, la que deberías andar con cuidado eres tú. Sobreestimarse en un lugar como este no siempre es bueno.

No sabía qué tenía que decir al respecto, y no lo llegué a saber porque de pronto se escuchó un estruendo que resonó por todo el pasillo. El murmullo en el comedor cesó instantáneamente, y todos dirigieron la mirada hacia la puerta.