En la línea de fuego 206
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—No lo hubiese permitido —espetó Adler, rompiendo la magia del momento.

Beth se aclaró la garganta. Para avivar el ambiente, lanzó una pregunta al aire:

—¿Quién creéis que puede haberse escapado?

—Debe ser un paciente muy violento para que haya tanta seguridad y tantos guardias buscándolo —respondió Nils, encogiéndose de hombros—. Es obvio que es Matthew.

Lily y Beth, las únicas que sabían lo que me había estado atormentando ese pensamiento durante todo este tiempo, intercambiaron una mirada de incomodidad.

—No digas bobadas. —Beth botó al aire, soltando una risita nerviosa—. Hay muchos más pacientes peligrosos que ese zumbado. Sería mucha casualidad que fuera justamente él.

—Pero, tres de cada cuatro veces que ha ocurrido algo así, ha sido Matt. .

—¿Ahora vas a darnos una lección de matemáticas? —le cortó, alzando una ceja.

—Solo digo que es muy probable que sea él.

—Mi amigo tiene razón.

Todos volteamos hacia Margot, que estaba plantada a unos metros con los brazos cruzados y la barbilla alzada. Acortó las distancias hasta integrarse en el círculo que inconscientemente habíamos creado.

—Nadie lo sabe con certeza, ya que la última unidad está escoltada por más de diez guardias de seguridad —agregó, hablando con la misma condescendencia que hablaría un po-lítico para ganarse el voto de todos—. Así que no hay forma de saber si está en su habitación o no. Pero me atrevería a decir que es él.

Entonces se giró hacia mí y me miró a los ojos.