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—Oh, sí. Sabe muy bien quién es. —Beth soltó una risita.
Adler frunció el ceño por su comportamiento extraño. La observó unos segundos antes de menear la cabeza y voltearse hacia mí.
—Ahora mismo no es seguro que estemos todos separados.
—Pues yo no veo nada más seguro ahora mismo que estar encerrada en mi habitación —repuse.
—El comedor está cerca, no tardaremos en llegar.
Me crucé de brazos.
—¿Y por qué tienes tantas ganas de ir ahí?
—Porque es más seguro.
—Ya, claro. Eso te ha dicho Margot, ¿no?
—Esto se pone interesante —murmuró Beth, acomodán-dose mejor para escuchar la discusión.
Lily alternaba esa mirada asustadiza que siempre tenía entre nosotros dos, como si no supiera a dónde meterse.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que la tratáis como si fuera la directora de este centro. ¿Organiza una fiesta en el bosque? ¡Genial! Pues vamos aunque suponga un riesgo e infrinjamos las normas.
¿Organiza una fiesta de disfraces? ¡Estupendo! Pues vamos también y nos disfrazamos. ¿Nos dice que vayamos al comedor? ¡Muy bien! Pues vamos aunque haya un paciente de la última unidad suelto por el hospital.
—¿Estás celosa?
¿En serio? ¿Esa era la única conclusión a la que había llegado?
—¡No estoy celosa! —grité, cabreada—. ¡Solo quiero que, por lo menos, se cuestione algo de lo que dice en vez de simplemente hacerlo porque se trate de ella!