189
Adler tenía la mandíbula tan tensa que pensé que se haría daño a sí mismo.
—¿Cuántas vidas más se perderán antes de que tomen medidas reales en lugar de esconderse detrás de palabrerías vacías?
—Hacemos todo lo que podemos —se limitó a decir.
—¿Y qué es lo que hacéis, exactamente?
—Adler, vamos. . —murmuré.
—Como ya he dicho, la salud mental de una persona es muy compleja, y nos enfrenta a desafíos que no siempre podemos anticipar. Pero prometo que haremos lo que haga falta para evitar estas situaciones.
Él apretó los puños, frustrado.
Pensé que ya era suficiente, así que cogí a Adler por un brazo y le susurré que nos fuéramos. Por suerte, esta vez no se apartó de mí y dejó que lo guiara hasta la puerta.
Sin embargo, apenas coloqué una mano en el pómulo de la puerta cuando escuché que la directora decía:
—Toda esa rabia mal gestionada que tiene es por su hermana, ¿verdad?
Adler se detuvo al instante.
—Alyssa Hall —añadió—. La recuerdo bien.
Cerré los ojos un instante, deseando que él no cayera en ese tipo de provocaciones.
—Es una lástima. Tenía un brillo especial que hacía que destacara entre los pacientes. Era una joven alegre y caris-mática. Pocas veces había visto sonrisas tan contagiosas y sinceras como la suya.
Hizo una pausa.
—Me sorprende lo muy distintos que pueden llegar a ser los mellizos.