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—Oh, vamos. No me miréis así. Es exactamente la misma mariposa que vi en las pertenencias de Nolan. Tiene que haberla hecho él.
—¿Y tú por qué miraste sus pertenencias? —me preguntó Beth, enarcando una ceja.
—Sentí curiosidad, ¿vale? —mentí—. Sé que está mal mirar las cosas de los demás, pero al menos gracias a eso sabemos que está aquí.
—¿Estás segura? —me preguntó Adler—. Es decir, ¿por qué Nolan le entregaría una mariposa a una cría?
Estaba sentado a mi lado con los brazos cruzados y apoyados encima de la mesa, mirándome con extrañeza. Como todos.
—No lo sé, yo tampoco le veo mucha lógica, pero…
—¿Y no te has replanteado que no es el único en la faz de la tierra que sabe hacer mariposas de papel? —cuestionó Beth.
—Yo no sé hacerlas —murmuró Lily, dándole un sorbo a su zumo.
Mantuve mis ojos en mi bandeja, pensativa.
—¿No creéis que es mucha casualidad? ¿Hay alguien de este hospital que sepa hacerlas?
—Podríamos averiguarlo —propuso Adler.
—Oh, por supuesto. ¡Organicemos un taller de origami!
¡Qué gran idea! —ironizó Beth, extendiendo los brazos de forma exagerada—. ¡Así malgastamos nuestro tiempo a lo grande!
Volteé los ojos.
—Hola, Clarke —escuché a mis espaldas.
Miré por encima de mi hombro y me topé con un Nils sonriente. Estaba de pie a mi lado, sosteniendo su bandeja.