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—Seguro que tus padres te echan de menos, y tú a ellos
—le dije, intentando calmar la situación.
Ella negó con la cabeza. Un gesto que no pasó desapercibido para la directora, quien de repente tenía mucha prisa por llevársela.
—Es muy tarde, vamos.
Renata me miró, asustada, como si buscara mi aprobación. Solté un suspiro y asentí con la cabeza de forma imperceptible. ¿Qué iba a hacer, sino? No podía quedármela.
Fue entonces cuando se separó de mí para ir con ella. Pe-ro, antes de hacerlo, le dio la espalda a la directora y sacó al-go de su bolsillo. Con delicadeza, tomó mi mano y colocó al-go en la palma antes de cerrarla suavemente con mis dedos.
Adler me puso una mano en la parte baja de mi espalda y me condujo hasta la puerta del despacho para salir. Una vez fuera, desplegué mis dedos. Me quedé observando confusa la mariposa de origami.
Cuando desvié los ojos hacia la niña, me miró por encima del hombro con una sonrisa enigmática en su rostro justo antes de que la directora cerrara la puerta del despacho.
* * *
—¿Estás insinuando que ese tal Nolan está en este hospital por una. . mariposa de papel? —inquirió Beth.
—Exacto.
Las miraditas que se echaron entre todos dieron a entender que empezaban a cuestionar mi cordura.
Había optado por reunirlos a todos en el comedor durante el desayuno para compartirles la situación, y de pronto me estaba empezando a arrepentir.