En la línea de fuego 182
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—Hola, Renata. —Sonrió entre dientes.

—¿La conoce? —le pregunté, frunciendo el ceño.

—Es la hija de uno de mis trabajadores.

Miré de reojo a Adler, pero él no parecía percibir la extrañeza en el aire. Más bien me devolvió la típica mirada de "te lo dije".

—Qué bien que te hayan encontrado, ¿eh? —le dijo la directora pinchándole una mejilla, pero su sonrisa no parecía del todo sincera—. Nos tenías muy preocupados a todos.

—Cuando la encontramos, estaba muy asustada.

—Es normal, ha pasado toda la noche fuera y sola.

Alcé una ceja.

—Un poco irresponsable por parte de sus padres, ¿no?

—Es una niña un poco traviesa. Cuando viene aquí le gusta deambular por el hospital. Pero ya no lo volverá a hacer.

Verdad, ¿Renata?

La niña asintió tímidamente, pero su mirada estaba fija en el suelo.

—Nos dijo que se estaba escondien. .

—Gracias por entregármela —me interrumpió de manera abrupta, poniéndose en pie—. Ya podéis regresar a vuestra habitación.

Fruncí un poco el ceño cuando me percaté de que la agarraba por la muñeca con un poco de severidad. Renata, por su parte, se aferró a mi brazo.

La directora le lanzó una mirada de advertencia, pero sin quitar esa sonrisa.

—No pongas las cosas más difíciles, Renata.

—No quiero ir —escuché que decía la pequeña, a punto de llorar.