En la línea de fuego 179
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—No parece que vaya a abrir la boca pronto. —Beth torció el gesto.

—Tal vez solo necesita tiempo —objeté.

—No hay tiempo —masculló Adler, impaciente.

Se despegó de la pared en la que había estado apoyado todo este tiempo y se acercó a la niña para quitarle repentinamente el peluche de un tirón.

—¡Eh! ¡Dámelo! —gritó ella, poniéndose en pie y dando saltitos para alcanzarlo. Pero no lo consiguió, porque Adler la doblaba en altura.

—Te lo daré cuando nos digas cómo has llegado hasta aquí.

—Vamos, Adler, así no funcionan las cosas —dije en un suspiro.

—¡Dámelo!

—No.

—¡Sí!

—No.

—¡Sí!

—¡No!

—¡Que sí!

—¡Que no!

Adler pegó un grito cuando Renata le dio una patada en la espinilla, haciendo que se encogiera un poco. Aprovechó ese instante para cogerlo y regresar a mi lado.

—Todos los hombres sois malos —murmuró ella.

Beth soltó una carcajada, divertida.

—Me cae bien esta niña.

Pero la diversión se vio interrumpida por una voz que se escuchó desde los altavoces del pasillo: