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Todos volteamos a la vez hacia Renata, que movía su peluche como si tuviese vida propia.
—No parece muy triste, la verdad. —Beth alzó una ceja, a-nalizándola.
—Cuando la encontré estaba aterrada.
—Pues que nos diga de una vez cómo demonios acabó aquí y problema resuelto. Porque ahora mismo me encuentro en la quinta fase de la embriaguez.
—¿La quinta fase? —repitió Adler, confuso.
—La primera fase es cuando todo empieza a parecerte divertido, no importa qué tan estúpido sea. En la segunda empiezas a sentir atracción hasta por una columna. Luego está la tercera fase, en la que te importa todo una mierda. Es peligrosa, porque corres el riesgo de llamar a tu ex. La cuarta es la más desagradable, es cuando devuelves todo lo que has ingerido durante la noche. Y, finalmente, la quinta fase es cuando simplemente caes redondo en la cama y quieres hi-bernar durante una década entera.
—Yo hace rato que estoy en la quinta fase —opinó Lily.
—No puedes estar en la quinta fase si no has salido —le reprochó Beth.
Lily se ruborizó.
Solté un largo suspiro y me incliné un poco hacia la niña, a pesar de saber que seguiría sin contestarme. Si no lo hizo cuando estábamos las dos solas con Adler, dudaba bastante que lo hiciese ahora.
—Cielo, ¿podrías decirme cómo llegaste a los sótanos?
Pero me ignoró completamente, como si en vez de escuchar mi voz, hubiese escuchado el zumbido de un mosquito.
—¿Dónde están tus padres?
De nuevo, silencio.