En la línea de fuego 176
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—De acuerdo, pues hagámoslo.

Le lancé una mirada de preocupación a Adler, como si él supiera qué hacer. Pero, en esos momentos, no podíamos hacer nada más que rezar para que pasaran de largo y no les diera por revisar justamente donde estábamos nosotros.

Los pasos resonaban cada vez más cerca. Se estaban aproximando. Tragué saliva con fuerza cuando la luz de una de sus linternas enfocó nuestro escondite.

Oh, no.

Pero entonces, cuando creíamos que estaban a punto de descubrirnos, una descarga eléctrica saltó entre los paneles de control, creando miles de chispas e iluminando momentáneamente la sala, sobresaltándolos a ambos.

—¿Qué coño. .? —murmuró uno de ellos.

Sentí un inmenso alivio cuando se alejaron hacia el lugar del incidente.

—Vale, pirémonos de aquí y llamemos al técnico.

Dejé salir todo el aire que había estado conteniendo cuando me aseguré de que se habían alejado de la sala, dejándonos otra vez a solas.

—¿Estás bien? —le pregunté a Renata.

Ella asintió una vez.

—Yo también, gracias por preguntar —murmuró Adler.

* * *

El panorama era el siguiente:

Beth todavía con las alas de ángel puestas observando a Renata con una ceja enarcada.

Renata sentada a mi lado, jugueteando con su peluche 177

distraídamente.

Adler estresado, como si quisiera entregar a la niña y acabar con esto cuanto antes.

Y Lily mirándonos a todos desde su cama, soñolienta. Debían ser las cuatro de la madrugada.

Por suerte, conseguimos llegar a la habitación. Pero la co-sa no acababa ahí, claro. Porque ahora teníamos que decidir entre todos qué hacer con Renata.

—Hay que enviarla a la directora —objetó Adler—. Ella sabrá qué hacer.

—Estoy de acuerdo con el encapuchado —señaló Beth.

Adler la fulminó con la mirada. No le gustaba mucho ese mote que le puso.

—Pero, no podemos entregársela sin más.

Él se cruzó los brazos, visiblemente molesto.

—¿Y qué propones entonces, Clarke? ¿Que la cuidemos nosotros? No somos niñeras.

—No, investigar qué le pasó.

Beth soltó una risa antes de bromear:

—¿Qué somos ahora? ¿Detectives privados?

Si tú supieras. .

—Tal vez sea la hija de alguien que trabaja aquí. —Adler se encogió de hombros.

—¿No creéis que, si así fuera, se nos habría informado por si alguien la encuentra? No hay nadie buscándola.

—Eso es lo que tú crees.

Lily, que hasta ese momento había estado en silencio, bostezó y se incorporó:

—¿Habéis intentado hablar con ella?

—Sí, pero no habla mucho —murmuré.