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—Oh, ya contaba con eso. Me refería a Clarke.
—Me temo que yo tampoco voy a ir.
No tardó en aparecer una expresión de decepción en su rostro.
—¡¿Qué?! —chilló—. ¡¿Cómo que no?!
—¿Crees que tengo ganas de salir de mi habitación sabiendo que hay alguien suelto en el hospital que intenta matarme?
—Pero, ¿es que no has visto suficientes películas de miedo o qué? ¿Y si cuenta con que no irás a la fiesta y va a buscarte a la habitación?
—Oye, que no estará sola —puntualizó Lily—. Yo también me quedaré aquí.
—No te ofendas, Lily, pero lo mucho que harías tú si lo vieras entrar por esa puerta es pegar un grito y salir corriendo. Solo le pondrías las cosas más fáciles a ese zumbado.
La pobre frunció el ceño, mostrándose algo ofendida.
—Lo siento, Beth, pero no voy a ir —dije.
Soltó un bufido y se cruzó de brazos, enfurruñada.
—Vale. Pues me tocará ir sola.
Y así fue como, cinco horas más tarde, Beth se había despedido de nosotras para ir a esa fiesta.
Lily y yo nos quedamos tumbadas en la cama, cada una en la suya, mientras el silencio reinaba entre nosotras. No era incómodo, simplemente estábamos ahí, calladas, sin ningún tema de conversación.
Hasta que fue Lily quien, sorprendentemente, habló:
—¿Qué te pasó en el bosque?
Vale, no era algo de lo que me apeteciese hablar. Casi que prefería que estuviésemos de nuevo en silencio.