En la línea de fuego 154
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—A mi despacho —dijo ella, muy seria—. Ahora.

Marlon tensó la mandíbula y se giró lentamente hacia mí, que lo miraba con una sonrisita de suficiencia.

—Sabías desde el principio que estaba ahí, ¿no?

—No soy tan estúpida como para provocar a alguien sin un motivo.

Esta vez fue mi turno inclinarme hacia él.

—No me subestimes, Marlon —dije en un tono bajo para que la directora no pudiese oírme—. Porque entonces el que va a perder el tiempo eres tú.

Siguió a la directora a regañadientes.

* * *

—¿Qué película visteis? —preguntó Beth, haciendo pompas con su chicle.

Después de que la directora presenciara los malos tratos de Marlon hacia mí, levantó mi castigo y pude regresar a mi habitación a cambio de que no dijese nada al respecto. Supongo que quería mantener la buena reputación del hospital.

Así que estaba de vuelta con mis compañeras de habitación.

—El resplandor —contestó Lily.

—Esa no da miedo, da risa.

—Pues a mi me dio bastante miedo.

—A ti te da miedo hasta una mosca, Lily. —Volteó los ojos.

—¡No es verdad! —protestó ella, enrojeciendo.

Yo estaba en la ventana mirando con aire ausente a las personas que había en el patio interno.

—¿Y a ti qué te pasa? —me preguntó Beth al darse cuenta—. Sonríe un poco. ¡Has recuperado tu libertad! Deberías 155

sentirte afortunada.

«Mi libertad la recuperaré cuando salga de aquí» pensé.

—¿Qué es eso? —preguntó Lily de pronto.

Estaba señalando un papel que había en el suelo. Al parecer alguien lo había deslizado por debajo del umbral de la puerta, porque antes no estaba allí.

Beth se levantó para cogerlo. Lily y yo nos asomamos para echarle un vistazo, curiosas. Era como una especie de folleto publicitario y colorido.

— Día de todos los santos —leyó Beth en voz alta—. Disfruta de nuestra fiesta de disfraces de ángeles. Todo el mundo está invitado.

—¿Esto lo ha organizado el hospital? —preguntó Lily.

—Lo dudo mucho —opiné.

—Seguro que es cosa de la pelirroja. Hay que ver lo que le consigue la gente de fuera —comentó Beth, asombrada—.

Debería pedirles cinco cajas de chicles y un reproductor de música sólo con canciones de Chase Atlantic.

Le dio la vuelta al folleto.

—Qué raro, no sale dónde se hará.

—Seguro que no lo ponen por si llega a manos de algún guardia —puntualicé.

—¿Y entonces cómo lo van a saber los demás? —inquirió la rubia.

—Es más que evidente. —Señalé el folleto.

Aunque el lugar exacto no se mencionaba, el diseño del folleto sugería que la fiesta probablemente tendría lugar en una bodega antigua.

—¡Genial! —exclamó una Beth sonriente—. Pues ya tenemos plan para esta noche.

—Yo no voy a ir —le hizo saber Lily.