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Pero no lo estaba en absoluto. Adler me había dejado más mareada de lo que ya estaba.
Maldito encapuchado.
* * *
Los chirridos de la puerta de mi habitación me despertaron.
—Señorita Emmet, tiene visita —me informó un guardia.
Me froté los ojos antes de incorporarme. Seguía bastante cansada y dolorida, pero hice un esfuerzo por levantarme sin que lo notara. Si me veía débil probablemente sugeriría pos-poner la visita, y lo último que quería era permanecer más tiempo entre esas cuatro paredes.
Acompañada por el guardia, salí de la habitación y me dirigí hacia la sala de visitas. Me sorprendió gratamente lo es-paciosa y bien iluminada que era. Se trataba de un lugar que emanaba una sensación de tranquilidad absoluta. Los muebles, como las sillas, mesas y sofás, eran simples pero funcio-nales.
Me di cuenta de que era la única sala que tenía ese aspecto tan limpio. No tenía nada que ver con las instalaciones de aquí, oscuras y lúgubres. Hasta parecía ser un lugar ajeno a ese hospital.
Pensé que era una bonita forma de engañar a los familiares y hacerles saber que los pacientes de ahí estaban bien cuidados.
En algunas mesas había personas sentadas charlando con familiares y amigos. Sentí una oleada de emoción cuando mi mirada se clavó en una mesa donde había un chico solitario de cabello castaño y bien peinado.
Levantó la mirada y esbozó una pequeña sonrisa antes de 148
ponerse en pie.
Cuando me abrazó y sentí su familiar aroma, fue un bálsamo para mí. Después de pasar tanto tiempo en ese hospital, donde todo me parecía ajeno y desconocido, su presencia hizo que una sensación de familiaridad inundara mi ser.
Nos sentamos en la mesa, uno frente al otro. Landon recorrió mi cuerpo con la mirada, hasta detenerse en mi antebrazo.
—¿Qué te ha pasado?
Oculté la gasa con la manga de mi camiseta.
—Nada importante, un pequeño accidente. —Boté el aire, tratando de desviar su atención—. Te veo bien.
Incluso con ropa informal se veía atractivo, aunque estuviese acostumbrada a verlo con una pistola y el uniforme policial.
—No puedo decir lo mismo de ti.
No me ofendió en absoluto, porque hasta yo era consciente de lo mal que debía verme.
—Ya, bueno. A veces la situación me supera.
—Te noto más delgada. ¿Comes bien?
—Como todo lo que me dan en este sitio, que viene siendo una miseria —respondí con sinceridad.
Él exhaló un suspiro apenas audible.
—¿Has conseguido pruebas?
Negué con la cabeza.
—Ni siquiera lo he visto.
Eso lo pilló por sorpresa.
—¿Cómo que no? Llevas cinco días aquí, Jules.
Abrí mucho los ojos y miré a ambos lados, alarmada. Por suerte las personas de las mesas de al lado estaban tan su-149
mergidas en sus conversaciones que no nos prestaron atención.
—Aquí soy Clarke —le recordé en voz baja.
Volteó los ojos.
—No me gusta ese nombre, así que no pienso llamarte así.
—Pues tendrás que acostumbrarte.
—¿Acostumbrarme? No pienso dejar que estés mucho más tiempo aquí, Jul. . —Apretó los dientes—. Clarke.
—No he conseguido nada durante estos días, Landon.
¿Cómo pretendes que me vaya antes?
—Pues más motivos me das para renuncies a este estúpido caso.
Me incliné hacia delante para que nuestra conversación fuese más confidencial.
—No puedo irme ahora. Necesito averiguar si Nolan está involucrado en un suicidio. Eso podría cambiarlo todo.
—Venga ya, eso no cambiará nada. Pongamos el caso de que descubres que sí que tuvo que ver. ¿Después qué? Lo enviarán a los juzgados para enfrentarse a cargos legales y se salvará el culo otra vez por problemas de salud mental.
—Tal vez esta vez no pueda demostrarlo y lo envíen a una cárcel.
—Por ahora, sí que puede. La que no puede demostrar lo contrario eres tú.
Apreté los dientes con fuerza y me crucé de brazos, frustrada por no poder contradecirle eso.
—¿Es que no lo ves? Deja de centrarte en cosas que no te conciernen y céntrate en encontrar pruebas que demuestren que es plenamente consciente de sus acciones.
Suspiré y asentí con la cabeza, muy a mi pesar.
—Lo siento, es que este sitio me está volviendo loca. ¿Có-150
mo es posible que ni siquiera pueda encontrarlo si está en el mismo hospital que yo?
—Tienes que encontrar una forma de investigarlo sin levantar sospechas —murmuró sin mirarme, como si hablara más por sí mismo—. No puedes asumir una identidad falsa ni hacerte pasar por el personal de aquí porque ya te conocen.
Pero sí puedes ganarte su confianza. ¿Has conocido a alguien aquí?
Me removí en el asiento, incómoda.
—Puede. He congeniando bien con. . mis compañeras de habitación.
No sé por qué, pero no quise mencionar a Adler.
—Bien. —Asintió, satisfecho—. Pues empezaremos por ahí.
—¿Empezaremos? —repetí, confusa.
—Ya te dije que no iba a dejarte sola en esto. Te ayudaré en todo lo que pueda.
¿Por qué tenía que ser tan bueno conmigo?
—¿Cómo está mi padre? —pregunté, desviando el tema.
—Igual de pesimista que siempre.
Sonreí un poco, haciendo que él hiciese lo mismo.
—Ayer fui a verlo y lo primero que hizo fue darme un tor-tazo en la nuca por dejar que te fueras sola, ¿te lo puedes creer? ¡Ni siquiera sabe dónde estás!
Solté una carcajada.
—Da gracias que solo fue eso lo que te hizo.
—La hora de visita ha terminado.
Me estremecí al escuchar esa voz a mis espaldas. Cuando miré por encima de mi hombro, vi a Marlon con las manos apoyadas en su cinturón. Su presencia nunca auguraba nada bueno.