En la línea de fuego 145
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Oh, eso.

Dejé salir un suspiro.

—Adler, estaba borracha y. .

—Los borrachos no mienten.

—Si eso fuera cierto, los tribunales estarían llenos de de-claraciones de criminales ebrios, ¿no crees?

Una escasa sonrisa se asomó en sus finos labios. Sin embargo, al ver que se apagaba lentamente le puse una mano encima de la suya. Fue un gesto casi automático, impulsivo, pero él lo observó con suma atención.

—No pienso eso. Es solo que. . —Negué con la cabeza—.

No sé, todo esto me parece muy extraño.

Nos quedamos sumidos en un extraño silencio, hasta que él lo rompió:

—Al principio estaba obsesionado con resolver el caso de mi hermana. Me pasaba las noches enteras sin dormir e intentando encontrar una manera de acceder al despacho de la directora. Lo único en lo que pensaba era en cómo conseguir una tarjeta metálica y obtener ese archivo sin que nadie se diese cuenta. Cada día que pasaba sin respuestas me impulsaba todavía más a averiguar qué le pasó.

Sus ojos seguían clavados en la mano que estaba encima de la suya, y empezó a trazar círculos suaves en el dorso con su pulgar.

—Pero, cuando llegaste tú. . solo quería averiguar más de ti. Y, por primera vez, dejé de pensar en algo más que no fuese en mi hermana.

Mi corazón latió con fuerza ante esa revelación. Nunca imaginé que me fuese a decir algo así. Viniendo de un chico tan frío como él, además.

—Adler. .