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—Voy a encargarme de que tengas el mismo final que tuvo él, y nadie me lo va a impedir.
No. No. No.
Levantó el cuchillo y lo impulsó hacia mi pecho. Antes de que la punta del afilado cuchillo pudiese tocar mi piel, opuse resistencia y utilicé mis dos brazos para intentar alejarlo de mí. Mis manos se aferraron a sus muñecas con fuerza.
—¡SOCORRO! —grité con todas mis fuerzas—. ¡AYUDA!
Una imagen fugaz de mi padre cruzó mi mente y una lágrima se resbaló por mi mejilla, dándome la fuerza para seguir resistiendo.
Pero era mucho más fuerte que yo. La punta del arma finalmente hizo contacto con mi piel, y comenzó a ejercer presión, amenazando con perforarla. El dolor era agudo y paralizante. Chillé tanto que noté mis cuerdas vocales desga-rrándose por el pánico.
Pero, cuando pensé que todo estaba perdido, unos brazos rodearon el cuello de Nils desde atrás, tirando con fuerza pa-ra alejarlo de mí. Nils emitió un grito de sorpresa mientras el cuchillo se alejaba de mi pecho y caía al suelo.
Tumbada en el suelo, con el aliento entrecortado y el dolor punzante en el pecho, intenté recuperarme de la conmoción. Ni siquiera podía creer que hubiese escapado de esa situación tan cercana a la muerte.
Beth apareció en mi campo de visión.
—¡Clarke! ¿Estás bien?
Me ayudó a ponerme de pie, pero no pudo disimular la cara de espanto cuando me examinó de arriba a abajo. Debía verme bastante horrible, la verdad.
Asentí débilmente, todavía temblando.
—Hemos oído los gritos. ¿Qué ha pasado?