En la línea de fuego 140
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Adler tenía sujeto por el cuello a mi atacante. Cuando escuchó la pregunta que me hacía Beth, me miró por encima del hombro para escuchar atentamente la respuesta.

—No lo sé. Yo. . estaba escondida detrás de un árbol. Pensé que estábamos jugando y. . y de repente él. . él me atacó.

Mi respiración era entrecortada, y sentía un mareo intenso que nublaba mi visión.

La expresión de Adler se distorsionó por la furia. Tenía la mandíbula tensa, y sus ojos brillaban con una intensidad intimidante. Podía percibir la ira ardiendo en él, y supe que sería liberada tarde o temprano.

Sin mediar palabra, Adler agarró a Nils del cuello de su túnica y lo puso en pie con brusquedad. En un movimiento rápido, lo empotró contra el tronco de un árbol y clavó su antebrazo en el cuello. Él opuso resistencia, pero Adler era un poco más alto y musculoso.

—¿Crees que es digno atacar a alguien con una máscara, cobarde de mierda? —gruñó Adler.

Todos nos giramos cuando escuchamos que se acercaba más gente.

—¿Qué está ocurriendo aquí? —preguntó la pelirroja.

Para mi sorpresa, todos los que habían estado en la hoguera se habían reunido en el claro del bosque para averiguar qué estaba pasando. Los cazadores ya no llevaban sus máscaras puestas y nos miraban con completa confusión.

Fruncí el ceño cuando reconocí a uno de ellos.

Era Nils.