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Parpadeé, sorprendida.
—¿Fuiste. . tú?
Silencio.
—¿Por. .? ¿Por qué?
—Supongo que quería que tuvieras una muerte digna, de-sangrándote dentro del hospital, tal y como murió él. Así que tenía pensado matarte ahí y no en este bosque.
Me sentía mareada y confusa, por lo que no estaba entendiendo absolutamente nada.
—De hecho, estuve a punto de hacerlo —añadió—. Pero apareció ese rubio y me jodió todos los planes.
El recuerdo de ese día vino a mi mente. Fue cuando escapé de mi habitación tras haber ido al despacho de la directora y me topé con Adler.
Ahora empezaban a cuadrarme muchas cosas, como la extraña sensación que tenía de sentirme observada desde que pisé ese hospital.
—¿Me has estado siguiendo durante todo este tiempo?
—Quería asegurarme de que fueras tú, pero eres muy reconocible, ¿sabes? No me resultó muy difícil saberlo. Supongo que ser llamativa tiene sus desventajas, entre ellas que destacas entre la multitud de una forma asquerosamente abrumadora y te convierte en un blanco fácil.
Tragué saliva con fuerza.
—Mira, no sé de qué demonios estás hablando, pero podemos hablar las cosas y. .
Me corté a mí misma cuando se abalanzó sobre mí, cayendo al suelo. Se puso encima de mí a horcajadas, acorralándome con sus piernas.
—¡Mientes!
—¡No miento! ¡Lo juro!