En la línea de fuego 133
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Un grupo de personas serán cazadores, mientras que los demás serán presas. Los cazadores irán con una túnica y una de estás máscaras. —Nos mostró la que tenía a mano, que era ni más ni menos que la de la película Scream—. Su misión se-rá cazar a las presas. Si encuentran a su presa, podrán hacer lo que quieran con ella. La originalidad está permitida, así que dejad la mente abierta.

Se dibujó una sonrisita lasciva en su rostro.

—¿Y quién elige qué es cada uno? —preguntó Beth.

—Los novatos no podéis elegir. Vosotros seréis presas.

—Pues menuda mierda —murmuró.

Una vez decidieron quién iba a ser cazador y quién presa, nos dividimos en dos grupos.

Me fijé en que Nils estaba en el grupo de los cazadores.

Comprendí el mensaje claramente cuando hizo el gesto de

"te estaré vigilando" al señalarse los ojos y luego señalarme a mí.

Le dediqué una mirada retadora, entrecerrando los ojos.

Cuando los supuestos cazadores se colocaron la túnica negra por encima, y las máscaras de Scream, todas iguales, era imposible diferenciarlos. Incluso se habían ocultado el pelo con la capucha, así que ni siquiera sabía si se trataba de un chico o una chica.

—Os dejaremos treinta segundos para escapar —dijo uno de ellos—. ¡Que empiece la diversión!

Cuando comenzó la cuenta atrás, todos echamos a correr.

No tardamos en dispersarnos, cada uno fue hacia direcciones distintas. Incluso perdí de vista a Beth, que en un abrir y cerrar de ojos ya no estaba corriendo a mi lado.

Los efectos del alcohol ya empezaban a notarse. La maldita cerveza estaba tomando el control de mis sentidos. Cada paso que daba se volvía un desafío, como si en cualquier mo-134

mento fuera a tropezar. Los árboles y las sombras se extendían frente a mí como un torbellino mareante.

Me oculté detrás de un tronco que consideré lo suficientemente ancho como para que no me vieran. Guardé silencio cuando, desde la lejanía, oí que uno de los cazadores advertía con voz grave que estaban listos para atraparnos.

Miré a mi alrededor con la respiración jadeante, pero no vi a nadie. O se habían escondido muy bien, o me había alejado más de lo previsto.

De repente, entre el oscuro bosque, vislumbré una sombra deslizándose entre los árboles. No podía quedarme allí inmóvil esperando a que me atrapara, así que conté hasta tres antes de alejarme del tronco y buscar otro posible escondite.

Pegué mi espalda a otro tronco y asomé la cabeza. Todo estaba desierto. Volví mi mirada al frente, y al hacerlo mis ojos se toparon con una figura inmóvil que se encontraba a unos metros de mí. Aunque su rostro estuviera oculto tras la máscara de Scream, podía notar su mirada clavada en mí.

Sonreí, aliviada, cuando me hizo el característico gesto de

"te estoy observando".

—¡No voy a dejar que me atrapes tan fácilmente, Nils!

Segundos después, eché a correr sin mirar atrás. Podía oír sus pasos acercarse, me estaba persiguiendo de cerca. Un paso en falso y me atraparía.

Mientras zigzagueaba entre los árboles, las risas y los gritos de los otros participantes resonaban en la distancia, creando una atmósfera espeluznante que aumentaba la tensión de la noche. Por un momento me sentí en una película de terror.

Dejé de correr cuando miré por encima de mi hombro y no lo vi. Había logrado perderlo de vista. Suspiré de alivio, 135

tratando de recuperar el aliento, y me giré para esconderme en otro lugar. Sin embargo, ahogué un grito cuando me topé de frente con una figura alta e imponente.

—¡Por Dios, Nils! Qué susto.

Ladeó la cabeza, con la máscara todavía puesta.

—Vale, has ganado. ¿Y ahora qué?

Mi sonrisa se borró de golpe cuando vi que, bajo su túnica, sacaba un cuchillo afilado que tenía oculto.

Una risita nerviosa se escapó de mis labios.

—No creo que eso sea parte del juego.

Comenzó a avanzar hacia mí, su cuchillo en alto, sin emitir una palabra. Por instinto retrocedí lentamente. La distancia entre nosotros cada vez se acortaba más, hasta que mi espalda chocó contra un árbol que tenía detrás.

—Nils, me estás asustando.

Ni siquiera supe cómo lo hice. Me incliné hacia un lado con rapidez cuando percibí sus intenciones, haciendo que el cuchillo se clavara justo a mi lado, a apenas unos pocos centímetros de mi oreja.

Un estremecimiento recorrió mi espina dorsal al darme cuenta de lo cerca que había estado de ser alcanzada por ese arma afilada.

Esta vez no pude disimular la cara de horror, y entonces supe que esto ya no era un juego. Quería lastimarme de verdad. Porque, de no haberme apartado a tiempo, ahora mismo tendría ese cuchillo clavado en mi cabeza.

Volví a la realidad cuando retiró el cuchillo del tronco y se volvió hacia mí.

No lo pensé dos veces. Eché a correr como jamás lo había hecho. Mis piernas tambaleaban con cada paso mientras avanzaba por el oscuro bosque. A pesar de sentirme mareada 136

y confusa, sabía que no podía detenerme bajo ningún concepto. Así que corrí sin parar.

Tropecé bajo mis pies, haciendo que perdiera el equilibrio. Me levanté a duras penas y continué corriendo, sin importar cuántas raspaduras me acababa de hacer.

Me permití detenerme un momento tras asegurarme de que no lo tenía detrás de mí. Apoyé ambas manos en mis rodillas con la respiración jadeante. Necesitaba recuperar el aliento.

No sabía dónde estaba, me había desorientado por completo. Ya ni siquiera sabía si estaba yendo hacia la dirección correcta. Solo veía los troncos de los árboles ciñéndose sobre mí y oscuridad. Mucha oscuridad. Los árboles eran tan altos que sus ramas ocultaban parte del cielo, haciendo que el bosque apenas se alumbrara por la escasa luz de la luna.

Tenía que encontrar a los demás como fuera. Pensé en gritar y pedir ayuda, pero eso me delataría en seguida y Nils sabría dónde estaba.

«Nils»

¿Por qué iba a querer matarme? ¿Qué le había hecho yo?

Cuando conversamos, todo parecía ir bien. Es más, me dio la impresión de que habíamos congeniado de alguna forma.

Y, en cambio, ahora. .

El ruido de una rama quebrándose a mis espaldas me hizo girar bruscamente, alarmada. Eso fue lo que me impulsó a seguir corriendo, pero el alcohol y la oscuridad me hicieron pasar una mala jugada. No vi una raíz que sobresalía de la tierra y tropecé con ella.

El terreno comenzó a inclinarse, y me di cuenta de que estaba descendiendo por una pendiente. Comencé a dar vueltas sobre mí misma mientras notaba cómo me raspaba la piel con ramas, piedras y tierra. Los árboles pasaban a toda 137

velocidad a mi alrededor mientras descendía sin control.

En un golpe seco choqué contra un tronco, deteniéndome. El mareo se había intensificado el triple. Mis ojos se es-forzaron por enfocar mi entorno. Cuando recuperé la visión, lo vi.

Ahí estaba, de pie, al final de la pendiente, mirándome tras esa máscara. Estaba convencida de que estaba disfrutando de mi vulnerabilidad.

Sabía que no podía quedarme allí. En cualquier momento podría bajar.

Con un último esfuerzo, me apoyé en el árbol para impulsarme hacia arriba, pero apenas podía mantenerme en pie. El dolor se disparó por todo mi cuerpo. Tenía los huesos entu-mecidos por el frío, y me dolía cada músculo de mi cuerpo.

Mi corazón se detuvo cuando alcé la mirada y vi que Nils ya no estaba en la cima de la pendiente. La sensación de alivio me invadió momentáneamente, pero antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba sucediendo, un grito desgarrador se escapó de mis labios cuando sentí una afilada hoja de metal desgarrando la piel de mi antebrazo.

Miré horrorizada mi brazo antes de alzar la mirada y toparme con Nils. La sangre comenzó a brotar sin parar, manchando mi ropa y dejando pequeñas gotas en la tierra. Me cubrí la herida reciente con una mano en un intento desesperado por retener la hemorragia.

—¿Creías que ibas a escapar de mí? —Su voz se distorsio-naba bajo la máscara.

—Por favor, para —le supliqué.

Mi mente corría a mil por hora, buscando una forma de escapar o defenderme, pero el dolor y el pánico amenazaban con nublar mis pensamientos.

—¿Encontraste mi tarjeta debajo de la cama?