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En realidad, me moría de ganas por decirle que era mi padre, pero no podía. Ya le había dicho que era huérfana.
—¡Pues imagínate que lo hubiese matado!
—¡Es que él ya se está muriendo!
Hubo un momento de silencio entre nosotros.
—Lo. . lo siento. No tenía ni idea.
—¡Pues claro que no! ¡Porque no sabes nada de mí!
Me puse en pie de golpe, haciendo que me tamborileara.
—Clarke. .
En cuanto noté su mano en mi muñeca, me aparté con brusquedad.
—¡Suéltame!
Algunas personas nos miraron, curiosas.
—¡Solo pretendía que te pusieras en mi lugar! ¡Ese tío sigue vivo mientras mi hermana está. .!
—¡Tu hermana se suicidó! ¡Asúmelo de una vez!
Oh, mierda.
Detallé cómo su cara se transformaba lentamente a una de incredulidad, como si no se pudiera creer que acabara de decir eso. Su mirada reflejaba una mezcla de tristeza y rabia, y solo podía leer un profundo sentimiento de decepción en su rostro.
Dio un paso atrás y se pasó una mano por el rostro, tratando de controlar sus emociones.
—Adler. .
No quise tocarlo porque sabía que si lo hacía se desataría el caos, así que me limité a hablarle desde la lejanía.
—Lo siento. No debería haber dicho eso. Yo. .
Pero no dejó que terminara. Dio media vuelta y lo vi desaparecer entre los árboles del bosque dando grandes zanca-132
das.
—Mierda —maldije por lo bajo, apretando los labios con fuerza.
Noté que alguien colocaba una mano en mi hombro, pero ni siquiera me giré para saber quién era. No podía apartar la mirada de Adler, que seguía alejándose de mí.
—Tranquila, se le pasará. —Beth me miraba de manera comprensiva—. Es una realidad que tendrá que aceptar tarde o temprano.
—¿Tú también crees que ella. .?
No pude terminar la frase.
—No quise decir nada porque estaba demasiado obsesionado en intentar encontrar una relación con ese asesino, pe-ro está más que claro. Tan solo tienes que ver los suicidios que ocurren en este hospital. ¿Qué le hace pensar que el de su hermana no fue uno más?
Una parte de mí se había estado convenciendo durante todo este tiempo de que Nolan podría tener una relación con las muertes de este psiquiátrico, pero tal vez solo se trataba de encontrar una esperanza para mandarlo a la justicia y salir de aquí antes.
—¡Hora de jugar al juego más terrorífico del año! —escuchamos que decía la pelirroja.
—Vamos. —Beth hizo un ligero movimiento con la cabeza para que fuésemos.
A pesar de no tener muchas ganas de jugar, la acompañé.
Todos se habían reunido formando un círculo. Miré de reojo a mi alrededor. Adler seguía sin aparecer. Seguramente había regresado al hospital.
La pelirroja fue quien comenzó a explicar el juego.
—El juego se llama "cazar y ser cazado". Es muy sencillo.