En la línea de fuego 115
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—¿Pero, qué. .?

—Hola a ti también.

—¿Me explicas cómo demonios te estás escapando de tu habitación?

—Tengo una tarjeta. Y no me preguntes cómo la he conseguido, porque no lo sé ni yo.

Unos segundos después, la puerta se abrió de nuevo y apareció Adler a mis espaldas con unos documentos a mano.

Se quitó la capucha, dejando ver una melena revuelta que le daba un aspecto desenfadado.

La expresión de sorpresa de Beth fue cada vez a peor.

—¿Y este qué coño hace aquí?

—Habíamos quedado en reunirnos a las once en esta habitación —le expliqué.

—Oh, genial. ¿Y las personas que conviven en ella no tienen voz ni voto?

Adler pasó por mi lado y dejó en la cama del medio, la que ahora estaba vacía porque supuestamente debía ocuparla yo, todos los papeles encima.

—¿Qué es todo esto? —preguntó Beth.

—Los archivos de Alyssa Hall y Nolan Jenkins.

—¿Y esos quiénes son?

—Mi hermana fallecida y el asesino más temido del país

—contestó Adler sin titubear.

Beth me miró como si estuviese bromeando, pero negué de forma imperceptible con la cabeza.

—¿Habéis robado archivos del despacho de la directora?

—inquirió Lily, como si temiera que las consecuencias de eso le fueran a salpicar a ella.

—Los hemos tomado prestados —corrigió él.