En la línea de fuego 114
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A la mañana siguiente había asistido a la terapia grupal con la esperanza de que estuviese equivocada, pero al parecer no lo estaba. Porque tampoco lo vi allí.

Estaba comenzando a desesperarme por dos razones; u-no, porque eso significaba que mi ingreso no tenía ningún propósito válido y, dos, porque nadie me tomaba en serio.

Después de comunicarme con Foster y explicarle lo que estaba ocurriendo, se había limitado a decirme que no estaba haciendo bien mi trabajo y que, básicamente, era imposible que no estuviese en ese hospital, ya que en los registros del sistema aparecía su nombre.

Esperé a que anocheciera y no hubiese tanta gente deambulando por el hospital para escaparme de nuevo. Unos minutos más tarde, estaba en mi antigua habitación.

Beth se encontraba sentada en su cama charlando con Li-ly. Cuando entré, ambas se giraron hacia mí. Beth abrió tanto la boca que se le cayó el chicle que estaba mascando, haciendo que Lily hiciera una mueca de hastío.