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—Lo siento mucho. ¿Era paciente de este hospital?
Asintió.
—¿Qué le pasó? —pregunté con suavidad.
—Se suicidó.
Tragué saliva con fuerza.
—¿Y por qué necesitas su archivo?
—Porque estoy convencido de que mi hermana no se suicidó, sino que la mataron.
Fruncí el ceño, confusa.
—¿Pero, quién. .?
—Nolan Jenkins.
Mi corazón se detuvo al escuchar ese nombre.
—Ese hijo de puta es un asesino que se divierte matando a chicas jóvenes —agregó, su voz cargada de dolor—. No piensa que esas chicas son la hermana, la madre o la hija de alguien.
Lo encerraron en este hospital para proteger a la sociedad, pero ni siquiera aquí estáis a salvo vosotras.
—¿Han habido homicidios aquí dentro?
No me quedaba constancia de eso. No leí ni una sola noticia donde se informara de los múltiples asesinatos que supuestamente se dieron en este hospital.
—No, suicidios.
—¿Estás insinuando que detrás de todas esas muertes es-tá ese asesino?
—No lo estoy insinuando. Es una realidad.
—Adler, entiendo que quieras encontrar a un culpable, pero. .
—¡No es eso! —gritó, haciendo que diera un respingo.
Los dos volteamos hacia ambos lados para asegurarnos de que no nos hubiese escuchado nadie.