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Silencio de nuevo.
—Eso no debería incordiar en su misión.
—¿Que no debería incordiar? —repetí, cada vez más furiosa—. ¿Qué hay de mi salud mental? ¡Esta es mi vida, no una simple misión! Estoy atrapada en el mismo lugar que el asesino más temido del país y con una tasa de suicidios alarmante. Eso no es solo un incordio, ¡es una maldita locura!
Rece para que el agente Baker no se entere de esto, porque sino le aseguro que es hombre muerto.
—Esos son riesgos que tiene que asumir como investigadora privada. Sabe que trabaja en casos delicados y a menudo peligrosos.
—Aún así, no puedo hacer mi trabajo si no me proporciona información precisa.
—Lo sé, y lamento haberle ocultado algunos detalles. Pero ahora que ya está allí, debe seguir adelante. Sé que puede hacerlo. Mantén la cabeza fría y recuerde que estamos detrás de un asesino muy peligroso. Si descubre algo importante, contácteme de inmediato. Ahora, céntrese en su tarea y ten cuidado.
—Pero. .
Me corté a mí misma cuando escuché unas interferencias.
Me había colgado.
Me quité el pinganillo de mala gana y lo inserté de nuevo en el bolígrafo, guardándomelo en el bolsillo. Solté un suspiro y me apoyé en la mesa para inspirar aire. Todo el plan se estaba descarrilando.
—¿Con quién hablabas?
Levanté la cabeza de golpe. Beth estaba en el umbral de la puerta, observándome con una ceja enarcada.
—Con. . con nadie, estaba hablando sola. Supongo que es-te lugar te vuelve loca.