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—¿Qué nota, Clarke? —insistió al ver que me había quedado en blanco.
—Pensé que tú. . —Sacudí la cabeza—. No importa.
Estaba convencida de que tenía varias preguntas en mente, pero se las guardó para otro momento al escuchar unos murmullos procedentes del pasillo por el que se llegaba a la sala donde estábamos.
Nos miramos a la vez, alarmadas.
—Escóndete en el despacho, rápido —dictaminó—. Yo los distraeré.
No tenía otra alternativa, así que entré de nuevo y cerré la puerta, quedándome detrás de ella.
Beth comenzó a tararear una canción de su grupo musical favorito mientras yo me mantenía en completo silencio.
—¡Anda, pero si son los personajes de cómics! —exclamó ella.
—¿Qué haces aquí? —reconocí la voz del grandullón.