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—Clarke…
—¡Ah, y también tengo tu cámara! —Se la mostré, alegremente—. ¿No es genial? Al principio pensaba que saldría por segunda vez con las manos vacías, pero resulta que la llave estaba en…
—¡Clarke!
—¿Qué?
Mi sonrisa se desvaneció poco a poco al darme cuenta de que no parecía igual de contenta que yo. Es más, me estaba mirando con el ceño completamente fruncido.
—¿Qué nota?