83
Alcé la mirada hacia la pantalla que te indicaba el piso en el que estabas. Aún íbamos por la planta tres. En un impulso desesperado, traté de darle una patada en la entrepierna, ya que eso siempre funcionaba en los hombres, pero se apartó a tiempo.
Marlon soltó una risa que retumbó en mis oídos y acercó su rostro al mío.
—¿No querrás que esa parte de mi cuerpo se quede sin utilidad cuando aún no has tenido el placer de probarla, verdad? —me susurró al oído.
—Das asco.
—Pero así os gustan los hombres, ¿no? Sucios. Como vosotras en la cama.
—Suéltame —le supliqué a duras penas.
Él sonrió aún más.
—Tienes un carácter fuerte, eso me gusta. Seguro que eres indomable en la cama, pero aquí no te servirá de mucho.
Sentí una oleada de pánico. Ya ni siquiera podía pensar con claridad. Me estaba comprimiendo la garganta, por lo que ya me era imposible hasta hablar.
Cuando comencé a ver puntos negros y creía que en cualquier momento me desmayaría, Marlon bajó su brazo. Me deslicé hasta el suelo y comencé a toser, permitiéndome recuperar el aliento de nuevo.
—Ya no eres tan valiente, ¿eh? —escuché que decía.
Las puertas se abrieron de nuevo y me levantó sin dejarme tiempo para recuperarme del todo.
Comenzamos a caminar por un pasillo que parecía bastante más oscuro y tenebroso que el de las otras plantas, y se detuvo en una de esas puertas de metal antes de abrirla con su tarjeta. Me empujó bruscamente para que entrara.