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Finalmente, la mujer soltó un suspiro y entrelazó las manos encima de la mesa. Mantenía su espalda completamente recta y erguida mientras alternaba la mirada entre las tres sin decir una sola palabra, creando un tenso silencio. Me pareció ver que se quedaba unos segundos de más observando a Lily.
—¿De dónde sacasteis la tarjeta?
Sabía que Lily no iba a hablar y que Beth, si lo hacía, sería de manera poco amistosa. Así que decidí hacerlo yo misma.
—Nos la encontramos en el suelo, cerca de las duchas
—contesté, tratando de sonar convincente.
—¿Y pretendes que me lo crea?
No supe qué más decir. Beth pareció notarlo porque intervino en seguida:
—Si tiene un personal que va por ahí perdiendo sus cosas, no es nuestra culpa.
—Mi personal está perfectamente capacitado. No permitiré acusaciones infundadas, jovencita.
Beth soltó un bufido.
—Déjeme decirle que ahora mismo esos de ahí atrás tienen una botella de whisky que encontraron en el almacén, guardada en algún rincón y lista para emborracharse con ella cuando nadie los vea. Pero está claro que es imposible que los pillen. ¿Y sabe por qué? ¡Sorpresa! Porque son ellos los que supuestamente deberían vigilar el hospital. Y ni hable-mos de la absurda discusión que han protagonizado en esa sala. ¿Ese es el personal perfectamente capacitado al que se refiere?
Los dos aludidos dieron un respingo al ser delatados. La directora los miró unos segundos antes de volver a centrarse en nosotras.
—No lo repetiré. ¿De dónde la habéis sacado?