En la línea de fuego 63
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Al fin ella alzó la cabeza y me miró directamente a mí antes de asentir. Parecía que yo le transmitía más seguridad que Beth.

—Vamos, te ayudaremos a encontrar tus cosas. Beth ya lo ha hecho, yo de momento no.

—He visto tu bandeja —me informó Beth al instante, aunque lo dijo como si no me fuera a gustar escuchar eso.

—¿En serio? ¿Dónde está?

Unos segundos después, estábamos las tres observando mi bandeja.

—No me fastidies —murmuré al ver que estaba en lo más alto de la estantería.

—Iba a cogerla, pero no soy Reed Richards.

Nos quedamos en silencio, sin saber qué hacer a continuación. Miré a mi alrededor, pero no había ninguna escalera ni algún objeto que pudiésemos colocarlo en el suelo para poder alcanzarla. Además, necesitaríamos varios para poder llegar a ella.

—Yo podría. . podría intentar cogerla.

Ambas nos giramos hacia Lily.

—Tal vez, si alguna me coge a hombros, puedo. . puedo alcanzarla. Soy la más bajita de vosotras, y no peso mucho.

Beth y yo nos miramos, considerando la idea. Era la mejor opción que teníamos en ese momento, y no entendí cómo no se nos había ocurrido antes.

—Vaya, pues al final sí que resultarás útil.

Fulminé a Beth con la mirada, pero no me vio porque ya se estaba agachando para que Lily pudiese subir.

Cuando la tuvo encima de sus hombros, Lily se estiró to-do lo que pudo para alcanzar la bandeja que tenía el nombre de «Clarke Emmett», donde descansaba en lo alto de la es-64

tantería. Mis ojos seguían cada uno de sus movimientos con una mezcla de ansiedad y esperanza, deseando que todo saliera bien.

—La tengo.

Una sonrisa apareció inconscientemente en mis labios.

—Bien, coge el bolígrafo y la libreta. Es todo lo que nece…

Me corté a mí misma cuando escuché unas voces lejanas y unos pasos acercarse.

—. .y venía del almacén —se oyó que decía un hombre desde el exterior.

Las tres nos miramos horrorizadas al instante.

—Mierda —murmuró Beth.

—¡Bájame! ¡Bájame! ¡Bájameeee! —gritó, presa del pánico.

Necesitaba el pinganillo. No había venido hasta aquí para nada.

—Lily, te da tiempo, tranquila —le pedí, tratando de calmarla.

Los pasos se hicieron más audibles.

—¡Beth, bájame! —insistió, ignorándome completamente.

—Por favor, Lily. Solo el bolígrafo. Necesito el…

—¡Ya están cerca! ¡Los estoy escuchan. .!

—¡LILY, COGE EL PUTO BOLI! —exclamó Beth con menos delicadeza.

Y eso fue suficiente para hacer reaccionar a la pobre Lily, que parecía haber entrado en pánico. Tanteó el interior de la bandeja con manos temblorosas hasta que lo encontró. Agarró el bolígrafo y lo sostuvo con fuerza mientras Beth la bajaba con cuidado.

—Gracias —susurré con alivio mientras lo recibía, y lo guardé en uno de los bolsillos de mi pantalón.