En la línea de fuego 56
8%

56

—Exacto.

—¿Por qué? —pregunté.

—¿No querías recuperar tus cosas?

—Sí, pero…

Lo consideré un momento. Era peligroso, ya que este lugar estaba repleto de cámaras y guardias de seguridad, pero supongo que valdría la pena correr el riesgo. No quería pasar un segundo más sin estar en contacto con los demás.

—Vale —dije finalmente.

—¿Y quién ha dicho que os la vaya a dejar? —inquirió el rubio.

Beth se acercó a él y coló su mano en el bolsillo de su pantalón. Antes de que pudiese reaccionar, ya tenía la tarjeta en sus manos con una sonrisa triunfal en su rostro.

—¿Eh? ¡Oye!

Ella soltó una risita divertida y enroscó su brazo con el mío, tirando prácticamente de mí para dejarlo atrás.

—¡Adiós, encapuchado! —exclamó.

* * *

Me sorprendió que no hubiese nadie por los pasillos. Todo estaba sumergido en un silencio sepulcral y una oscuridad ensombrecedora. De este modo era fácil desviarse del camino e ir a parar a otro lugar.

Alcé la vista hacia las esquinas de las paredes. No vi ni una sola cámara de vigilancia. Ni siquiera había cavidades o lugares ocultos donde pudiesen ubicarse. Eso me pareció extraño. Hasta ahora solo había visto cámaras fuera del edificio.

Giramos una esquina y llegamos a la gran sala, también vacía.