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Parpadeé, sorprendida.
¿Era brujo o algo por el estilo? Porque eso explicaría muchas cosas.
—Bueno. . Sería lo apropiado, ¿no crees?
—Si eso es lo que consideras apropiado, entonces adelante. ¿Cómo te llamas?
Me crucé de brazos, enfurruñada.
—Si no te interesa, ya no quiero decírtelo.
—Así no puedo curarte —aseveró, señalando el otro codo que quedaba por vendar.
—Me da igual.
Inspiró aire, intentando reunir paciencia.
—No es que no me interese, simplemente iba a preguntár-telo en otras circunstancias más adecuadas —dijo en un tono más tranquilo.
¿Iba a preguntármelo?
Él se mostró completamente inexpresivo, pero yo no pu-de evitar emocionarme al escuchar eso. A pesar de todo, traté de disimularlo con todas mis fuerzas y me mantuve seria.
—Pues ahora te quedas con las dudas —contesté, bien orgullosa.
—¿Clarke?
Ambos nos giramos alarmados al escuchar otra voz.
Beth estaba plantada justo detrás de él con una mueca de confusión digna de enmarcar. Alternaba la mirada entre el chico, el vendaje de mis codos y yo.
—Con que te llamas Clarke, ¿eh? —murmuró él en un tono burlón.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté a Beth, poniéndome en pie de un salto e ignorando a Adler.