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—Oh, pero querida, ¿por qué tanto alboroto? Estoy apre-ciando la belleza en su forma más pura.
Tragué saliva con fuerza. Se me había formado un nudo en la garganta que no lograba deshacer.
Me giré sutilmente hacia la salida, pero era imposible llegar hasta ella sin que me alcanzara antes. Estaba demasiado lejos.
—¿Crees que es normal espiar a las personas mientras se duchan? —espeté.
Me pregunté a cuántas pobres chicas habría espiado sin que se dieran cuenta. Las había observado en silencio mientras se desnud. . Meneé la cabeza. Tan solo pensarlo hizo que me entraran unas inmensas ganas de vomitar.
Marlon soltó una risa burlona y dio un paso hacia adelante, acortando la distancia entre los dos. Por instinto retrocedí, pero eso implicó alejarme todavía más de la puerta.
—Normal es un concepto muy relativo aquí, ¿no crees?
Sentí una mezcla de rabia, disgusto y miedo.
Me ajusté aún más la toalla al cuerpo. Él notó ese pequeño movimiento y se mordió los labios con una sonrisa lasciva, como si ese simple gesto lo hubiese excitado aún más.
—¿Sabes? Cuando te vi, me pregunté qué hacía una chica como tú en un lugar como este.
—¿Una chica como yo? —repetí.
No sabía a qué se refería, pero no me gustó el rumbo que estaba tomando esa conversación.
—Esa clase de chicas que tienden a ser demasiado. . curiosas. Quieren saber lo que no deben, y eso puede meterlas en problemas.
Lo último que dijo sonó a amenaza.
—No sé de qué estás hablando.