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Al ver que me quedaba unos segundos observando su camiseta, me preguntó:
—¿Los conoces?
—He oído hablar de ellos.
—Lo peor de este lugar va a ser no poder escucharlos
—murmuró de una forma dramática, dejándose caer en la ca-ma que tenía al lado.
La habitación era bastante sencilla. Tan sólo había tres camas individuales, una al lado de otra, un armario empotrado a la pared y una silla en uno de los rincones.
Me acerqué a la única ventana que disponía la habitación.
Desde ahí se veía el patio interno del hospital. Y, si mirabas más allá, podías ver los árboles que asomaban del bosque.
Tal y como imaginé, estaba protegida por unos barrotes de metal oxidado. Probablemente con un martillo las podías llegar a romper, pero teniendo en cuenta que no te dejaban tener ni un simple bolígrafo, dudaba que pudieras salir de aquí por tu propia cuenta.
Dejé la mochila al lado de la única cama que no estaba ocupada, que era la del medio.
—¿Dónde están los baños? —le pregunté a Beth, la cual seguía con la mirada fija en el techo, pensativa.
—Al final del pasillo. Así que, si tienes una urgencia, ya puedes correr.
Salí de la habitación rumbo a los baños. Necesitaba familiarizarme con el ambiente y salir de entre esas cuatro paredes o empezaría a volverme loca más rápido de lo que pensaba.
Mientras cruzaba el largo pasillo, vislumbré a tres personas acercándose en sentido contrario. Eran dos guardias, y estaban…