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No sabía que existían lugares tan escalofriantes hasta que las puertas de metal se abrieron y la edificación del hospital se hizo visible frente a mis ojos. Sin duda alguna era un lugar al que no visitaría voluntariamente.
El hospital se encontraba alejado de la comunidad, en medio de un espeso y frondoso bosque. Lo rodeaban unos muros de piedra de no más de tres metros de altura. Deduje que la seguridad se enfocaba en el interior del edificio, pues no parecía muy complicado saltarlos.
Quería mantenerme en esa idea, porque tan sólo de pensar que me estaba adentrando a un hospital psiquiátrico cu-ya carencia era precisamente la seguridad hacía que saltaran todas las alarmas en mi cabeza.
Landon y yo intercambiamos una mirada antes de entrar.
Se había ofrecido a llevarme con su coche patrulla pese a haberle insistido en que quería ir sola para no levantar sospechas.