En la línea de fuego 14
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—Lo tienes muy preocupado.

Di un respingo cuando escuché una voz cercana. Lexi estaba a mi lado, observando a Landon desde el gran ventanal del edificio mientras se subía al vehículo.

—No me voy a un campo de entrenamiento —bromeé para avivar el ambiente.

Se giró hacia mí con una expresión seria en su rostro.

—Es mucho peor que eso, Jules. Vamos, piénsalo. ¿Por qué crees que te han ofrecido el trabajo a ti habiendo miles de detectives privados y con más años de experiencia? Porque nadie aceptaría algo así a no ser que necesitara urgentemente el dinero.

Lexi y Landon eran las únicas personas en esa comisaría que se podían considerar mis amigos, por lo que eran los únicos en saber lo mucho que lo necesitaba.

—O porque soy muy buena en mi trabajo —sugerí.

—No dudaba de eso.

Ambas sonreímos, aunque mi sonrisa se desvaneció al pensar que no me quedaba otra opción si no quería que me comieran viva ahí dentro.

* * *

Dejé las llaves en el mostrador y me quité la chaqueta para dejarla en el perchero.

Mi padre se encontraba sentado en el sofá del pequeño salón, observando la televisión con una cerveza a mano. No me preocupó eso, sino que en la mesa hubiesen cuatro cervezas más. Todas vacías.

—Deberías seguir las recomendaciones del médico.

—Debería —respondió, encogiéndose de hombros—. Pero 15

si las siguiera, ¿sabes de qué moriría? De aburrimiento. Y si voy a morir de algo, no será de eso, te lo aseguro.

—Hablo en serio.

—Y yo.

Me dejé caer a su lado dejando soltar un largo suspiro, acostumbrada a ese tipo de pesimismo. Aunque él prefería llamarlo realidad.

—Estaré un tiempo fuera. Me han asignado un nuevo caso.

—¿Y vas a dejar a tu padre solo y desamparado? —inquirió en un tono dramático—. ¿Quién cuidará de tu viejo ahora?

—La tía Jenna. Ya he hablado con ella.

—¿Mi hermana? —Arrugó la nariz, haciendo una mueca de desagrado mientras se ajustaba la cánula nasal—. No, por dios. No aguantaría ni una semana con ella.

—Pues me temo que no te queda otra opción.

—¡Pero, estar con ella es lo mismo que estar solo!

—No digas tonterías. Jenna es genial.

—Créeme, encuentro más emoción viendo crecer el césped en el jardín o esperando a que la pintura se seque antes que estar con Jenna.

—Además, no estaré fuera mucho tiempo —añadí—. Volveré antes de que te des cuenta.

—Más te vale, porque sino te juro que cambio el testa-mento y le doy la herencia al vecino de enfrente. Si es que no muere antes, claro. Aunque lo dudo.

—¡Papá! —le reñí.

—En realidad, casi que prefiero que pases un tiempo fuera. No quiero ser una carga para ti.

Me giré hacia él con el ceño fruncido.

—No lo eres.