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El inspector Foster deslizó hasta mí el acuerdo de confi-dencialidad. Miré de reojo a Landon, el cual mantenía la mirada fija en nosotros como si quisiera extirpar ese papel en mil pedazos, o tal vez arrancarnos la cabeza de cuajo. Parecía más bien la segunda opción.
Titubeé un instante mientras sostenía el bolígrafo.
—No tienes por qué hacerlo —escuché que decía Landon.
Inspiré hondo, tratando de mantener la serenidad. Mi ma-no temblaba ligeramente encima de la mesa.
Una voz interna me decía que no era buena idea, que quizás debería buscar otras alternativas. Pero otra voz, una que provenía directamente del corazón, ni siquiera dudaba en decirme que lo hiciese. Porque ya no se trataba del dinero, ni del reconocimiento, sino de mi padre.
Y eso fue lo que finalmente me impulsó a firmarlo.
Foster me extendió la mano e hice lo mismo, uniendo nuestras palmas.
El trato ya estaba hecho.
—Es fundamental que tenga cuidado y actúe con discreción en todo momento, señorita Miller.
—Eso haré. No le defraudaré, inspector.
Asintió, satisfecho.
—Pues, si ha quedado todo claro, ya puede retirarse.
Landon dio unos pasos hasta detenerse justo enfrente de su mesa. Abrí mucho los ojos cuando se inclinó hacia Foster para estar a su altura, que permanecía sentado en su silla, y apoyó ambas manos a la mesa.
—Recuerde esto, inspector. Si algo le sucede, si la descubren o se mete en problemas, solo usted será responsable de lo que le ocurra, y no habrá lugar donde pueda esconderse.
Ninguno de los dos se dejaba intimidar fácilmente, pero 11
Landon, cuando se ponía en ese plan, podía llegar a dar mucho miedo. Por mucho que estuviera en un rango inferior al de Foster.
Ambos se sostuvieron la mirada durante lo que pareció una eternidad, hasta que el inspector rompió el silencio.
—Me ha parecido que eso sonaba a amenaza, agente Baker.
—Bien, eso significa que me ha entendido a la perfección.
Dicho eso, salió por la puerta dando grandes zancadas.
Miré al inspector, disculpándome por el comportamiento de Landon, antes de coger mis cosas y apresurarme en seguirlo por el pasillo.
—¡Landon, espera!
Tuve que detenerlo por un hombro ya que mis palabras no parecieron tener ningún efecto.
—Sé que estás enfadado, pero tienes que…
—¿Cuánto te ha ofrecido? —exigió saber, cortándome.
No respondí de inmediato.
—Diez mil.
—Venga ya. —Resopló—. ¿Has aceptado solo por diez mil miserables dólares? Eso lo gano una noche de póker.
Incluso yo misma reconocía que era una cantidad de dinero bastante poco generosa para la magnitud de ese caso.
—¿Cómo has aceptado algo así? Solo alguien desesperado lo. . —Entrecerró los ojos y me inspeccionó con la mirada—.
Un momento. Es por lo de tu padre, ¿no?
Tragué saliva y aparté la mirada.
—Puedo ayudarte con eso, Jules. Venderé algunas de mis propiedades, invertiré dinero en mis negocios y compraré acciones de bolsa cuando el precio de estas suban, si es lo que necesitas.