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—Olvídese de eso —contestó Landon en un tono seco.
Ahora tenía un hombro apoyado en la pared y los brazos cruzados por debajo de su pecho, como si no tuviera ninguna intención de irse. Supongo que el inspector ya lo había asumido, porque le echó un rápido vistazo antes de volver a centrarse en mí.
—No podrá colar ningún dispositivo electrónico, la seguridad que dispone ese hospital es extremadamente rigurosa, así que le daremos una libreta y un bolígrafo para que escri-ba todo lo que ve y oye a su alrededor. Es importante que no se le escape ningún detall…
—¿Una libreta y un boli? —inquirió Landon, soltando una risa desdeñosa—. ¿Eso es todo lo que le vais a dar en esa jau-la de locos?
Foster le lanzó una mirada inquisitiva. Estaba reuniendo mucha paciencia con él, y lo sabía porque lo conocía desde hacía tiempo. Y, si detestaba algo, era que lo interrumpieran.
Fuera quien fuera.
—No es un bolígrafo cualquiera, lo sabría si me dejara terminar. Incluye un pequeño pinganillo oculto en su interior.
Deberá ponérselo en momentos estratégicos cuando esté segura de que nadie la está observando. Eso le permitirá comunicarse con el exterior de manera discreta y recibir instrucciones.
Landon no pareció quedarse más tranquilo.
—¿Cuánto tiempo tendré que permanecer allí? —pregunté, temiendo un poco la respuesta.
—Le daremos dos meses. Ese es el tiempo que disponemos antes de que se abra un nuevo juicio. Ingresará mañana por la mañana.
Dos meses eran ocho semanas, sesenta días para obtener algo de información.