8
—¿Y dejar que mueran más personas? No puedo permitir eso. ¿Sabe cuántas muertes ha habido desde que ese joven llegó a la comunidad? Las familias de las víctimas solo quieren que ese psicópata asuma las consecuencias y no se vaya de rositas.
La tensión en la sala disminuyó gradualmente tras esas palabras. Y, por primera vez desde que había entrado al despacho, los ojos de Landon se posaron en mí.
—¿Has aceptado? —Denoté cierto temor en su voz.
Alterné la mirada entre el inspector y él, sin saber muy bien qué hacer.
Diez mil dólares.
Ese era el dinero que me había ofrecido Foster en caso de que lograra obtener esas pruebas. Lo cierto es que necesitaba con urgencia esa cantidad de dinero, y el reconocimiento obtendría después de todo no me iría nada mal para mi carrera laboral.
Así que, tras pensarlo un momento, tomé una decisión.
—Sí.
Ni siquiera Foster se lo esperó, pero al oír mi respuesta pareció bastante aliviado. Todo lo contrario a la reacción de Landon, que me escrutó con la mirada con tanta intensidad que tuve que removerme en el asiento, incómoda.
—Debe saber que el hospital psiquiátrico Henninger tiene secciones separadas en unidades para tratar a pacientes con distintos trastornos y problemas de salud mental —me informó el inspector—. Sin embargo, dispone de unas áreas comunes, como comedores o salas de actividades. Es ahí donde deberá aprovechar para acercarse a él.
—¿Y si no quiere hablar conmigo?
—Siempre puede tirar por la vía fácil —objetó, encogiéndose de hombros—. Es una mujer atractiva, úselo a su favor.