EN LA COLINA DE TARA EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #13
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EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #13

El sargento corroboró lo que me dijo Betty, había encontrado un cuerpo encima de mí, aparentemente Killian se había interpuesto con su cuerpo, según él eso me había salvado, yo no lo recordaba así.

Él me confirmó que era la única superviviente en el radio de la explosión, me pareció totalmente absurdo que yo debiera sobrevivir, cuando lo había perdido todo, cuando todo había sido exterminado a mi alrededor, cuando yo también había sido aniquilada.

Eso se llevó de mí, una elección, cómo decirle, cómo explicarle que no era así, que los amaba, que yo me entregaría por ambos.

No debiste amarme, era yo la que huía, pero debiste ser tú quien lo hiciera en cuanto aparecí en tu vida.

Era una miserable y viviría como tal, durante años, respeté mi vida, pero me negué a vivirla, nadie ocuparía el lugar que era sólo de ellos, nunca los deshonraría, nunca sería capaz de amar como lo hice y no dejaría de hacerlo porque ya no estén, acepte mi penitencia y viví así.

No obstante, evitaba su recuerdo, los primeros años me eran tan dolorosos, que decidí dejarlos en lo más profundo de mi ser, en el fondo de todo estaban, pero no los sacaba a flote, hasta ahora.

En las esquinas de mi memoria, las ocurras esquinas, las que he intentado evitar para poder seguir, he girado una y otra vez, sin detenerme, durante diecisiete años lo he intentado y ya no soy capaz, no seguiré huyendo.

Cuando llegamos al aeropuerto, no subí en ese avión, se lo expliqué a Betty, a quien he confiado toda mi vida aparte de mi familia, se negó a irse sin mí, pero utilicé la peor carta para una madre, sus hijos y por ellos dejó a su amiga atrás y sabía que esa sería la única razón por la que lo haría, fue una jugada sucia por mi parte porque sé que se arrepentirá, que ya lo hacía, pero era la única que tenía.

Mi querida Betty que puso el nombre de mis hermanas a sus hijas, que les contaba mis anécdotas como si las hubiera vivido en primera persona y se refería a ellas ante sus hijas como “sus tías”, esas tías que jamás conocerán, pero que perdurarán en sus memorias.

Yo no podía más que tener agradecimiento por la única amiga que me permití tener y tan profundo caló en mi vida.

Regresé a por el coche y me dirigí al palacete.

Conduje pensando en Killian, era lo único que me guiaba, a la hora de camino empecé a tener la necesidad de llegar cuanto antes, y pasé de sentirme angustiada por llegar a sentirme angustiada por no hacerlo aún, aceleré al máximo, cuando entré por el sendero principal de grava, mi corazón latía desaforadamente, no entendía el porqué de esa sensación, que poca relación tenía con el temor a enfrentarme con el anciano.

Marianne estaba en la entrada con varios jardineros.

- Señorita Luisa, ¿dónde ha estado? La hemos estado buscando, ahora me dicen los muchachos que Sir Savage se ha suicidado, que…

- ¿Cómo que se ha suicidado?, ¿dónde está?

- Lo hemos visto saltar desde el embarcadero del lago, llevaba varias cadenas y una gran piedra, le hemos instado a no hacerlo, estábamos en el camino, ni nos ha visto, sólo se ha tirado, hemos ido corriendo, pero fue demasiado tarde.

No fuimos capaces de verlo en las turbias aguas del lago, es muy profundo en ese punto y ninguno de nosotros sabe nadar, hemos pasado más de diez minutos gritando, hasta que hemos asumido que está muerto, hemos recogido su ropa -al mostrárnosla, cayó una llave- Debe de ser del candado que ha usado para…

Recogí la llave y salí corriendo hacia el embarcadero, recorrí el sendero que rodea el lago, hasta que lo vi.

Sin saber lo que pretendía conseguir, una vez llegué a él me tiré y me sumergí en sus verdes aguas sin pensar, nadé hacía lo más profundo, donde casi no se divisaba nada, hasta que noté algo brillar, era la cadena.

Me sujeté a ella para no ascender, no encontraba el maldito candado, al borde de la asfixia ascendí a tomar aire y volví a descender en las turbias aguas, cuando encontré el candado y quise meter la llave su mano la empujó con fuerza, expulsé por el shock todo el aire y volví a ascender.

- ¡Señorita, no baje, está muerto! -grito Marianne desde el embarcadero- se va a matar, llamaremos a la policía, que ellos se hagan cargo. -Yo me sumergí-

Intenté buscar la llave entre el fango del fondo del lago, ascendía y descendía sin éxito, la cuarta vez, me puse frente a su rostro, tenía los ojos abiertos, me pareció ver que los cerraba, ¡está vivo!, sin saber qué hacer ante lo imposible salí del lago con ayuda de los empleados.

- No llamen a nadie, voy a hablar con el Lord primero para preguntarle lo que quiere hacer.

Me acompañaron al palacete, les pedí subir sola a su habitación, ellos se quedaron esperando en la planta inferior.

- Sabía que volverías querida, y justo a tiempo para ayudar al muchacho.

- Es tarde para él, llamaremos a la policía.

- No lo harás, no te conviene. A ninguno de los tres.

- ¿Quién es el muchacho?

- Te lo he dicho, el hijo de Killian y Aibihill, pero tú no me crees.

- ¿Quieres que lo saque del lago?

- Te lo agradecería enormemente, además sé que te satisfaría enormemente tenerlo entre tus piernas.

- Me parece que toda tu amabilidad acaba de terminar. Es mejor saber con quién estoy hablando de una vez por todas.

- Te recomiendo que vayas a tu habitación y te cambies de ropa, estás temblando, vas a coger un resfriado o algo peor, con la temperatura que hace no entiendo cómo has podido meterte en el lago. Ve Luisa, estás temblando incontroladamente.

- No pienso moverme de aquí hasta hablar contigo.

- Por lo menos coge una toalla de mi gaveta y acércate a la chimenea, me sentiré más tranquilo -hice lo que sugirió, no quería, pero estábamos a diez grados, el agua del lago no estaría a más de siete y necesitaba coger calor o dejaría de temblar y entraría en hipotermia.

- Dime cómo pudo quedar embarazada una banshee, ¿no son espíritus inmateriales?, no sé nada de mitología, pero por lógica, no creo que sea posible.

- Una cosa es lo que no creemos posible y otra lo que es.

Seguramente la Luisa de 14 años jamás creería posible el asesinato de sus amigas, de su padre, el desprecio del pueblo en donde creció, es más me atrevería a decir que lo creería del todo imposible Luisa de cuarenta años no cree posible que las bean-sidhe[34] existan, pero no por eso dejan de hacerlo.

- Estoy aquí, he vuelto calada hasta los huesos, acabo de salir de tu lago intentando salvar a alguien que llevará no menos de una hora ahogado, y lo he visto moverse, ahora mismo tengo la mente muy abierta. Así que habla abuelo, habla con la puta verdad.

- Ver para creer dicen, y la verdad es que yo era como tú, pese a vivir en otro mundo, en otra época.

No creía nada en esos cuentos de vieja, vivía el presente, la guerra, las mujeres, todos los placeres de los cuales podía proveerme antes de mi gran final en batalla, era la vida que llevábamos, llena de muerte, de sangre, de matanza.

Ahora todo es más sofisticado, un proyectil termina con una vida, una bomba con decenas, centenas, miles y millones si tienen el poder destructivo de las usadas por tus queridos aliados para exterminar al pueblo nipón, la venganza no hace a nadie mejor que otro, nos iguala.

Por eso me interesa saber cómo murió Samuel, Luisa, porque la guerra que yo viví y me forjó no es como las de ahora, la vida no es como es la tuya, piensas que lo que te pasó es increíble, inaudito, perverso, ese era mi mundo y el de muchos, si matábamos lo hacíamos con nuestras espadas, mutilábamos, cortábamos, triturábamos a unos, luego a otros, terminábamos bañados en su sangre, era francamente energizante.

Una vez acabada la lucha y haber sobrevivido un día más, hacía que tuviésemos la necesidad de sucumbir a nuestros deseos primarios, la violación era una opción, para ti fue traumático y créeme que he llegado a hacer cosas peores para saciarme, para poder llegar al nivel de excitación que tenía en batalla.

Era realmente más un animal que un hombre, era inculto, básico, degenerado, lejano a mí queda esa parte, pero es parte de mí, es mi inicio, pero no mi fin, mi fin cambia, conforme pasan las décadas, los siglos.

En ese mundo que te describo, muchos guerreros tenían sus creencias, otros no creíamos en nada como Dubhlainn Ua Artigan[35] al que se le apareció Aibhill aquel día antes de Clontarf.

Antes de él, a nuestro rey Boroimhe mac Briain[36], anunciando su muerte, pero ninguno le hizo caso, Boroimhe por su deber, Dunlang, como lo conoces tú, me confesó que fue porque realmente no lo podía creer, ya que, pese a saber que esa aparición de ningún modo podía ser un ser humano, no lo creyó, pensó que podrían ser delirios de borracho al escuchar la preocupación del propio rey por su sueño premonitorio.

- Un momento, ¿me estás diciendo, me dijo, a qué demonios te refieres con que te dijo?

- Exactamente lo que estoy diciendo, ni más ni menos, Te sugiero que escuches, me has dicho que tienes la mente abierta, si es así seguiré, si no, terminaré aquí nuestra conversación.

- Prosigue.

- No voy a extenderme en este punto, ni voy a analizar al bueno de Dunlang, simplemente fue a la batalla como siempre hacía, y era uno de los mejores, te lo puedo garantizar, era un hombre que nunca se dejó guiar por el miedo o por supersticiones.

Por eso era quien era. Una vez terminó la batalla y lo había perdido todo, se rebanó el cuello con su espada, todos lo dieron por muerto, aunque su cuerpo había desaparecido, pero como puedes suponer, no lo estaba.

Acudió a mí, me contó lo sucedido, me pidió ayudarlo a acabar con su miserable vida, ya nada le ligaba a ella.

Había perdido a su hijo, el único que le quedaba después de una plaga que mató a todos los suyos, había muerto su rey por el que sentía un amor reverencial y su hijo.