EN LA COLINA DE TARA EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #12
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EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #12

- No te atrevas a usar a mis padres para granjearte mi compasión. No te lo recomiendo en tu precaria situación.

- Por amor de Dios, Luisa no hagas nada que te haga arrepentirte, yo me arrepiento de todos los males que he cometido.

- En ningún momento me pareció, mientras te confesabas de esos males cometidos, que tuvieses ninguna clase de arrepentimiento.

- Luisa…

- ¡Silencio!, no te he instado a hablar, si te sirve de algo, lo que te haré no lo será por tu arrepentimiento o por tu falta de él, sino por tus actos cometidos, soy tu juez y verdugo, te sentencio a morir por mi mano.

-Le metí un pañuelo hasta la garganta, en su estado poco pudo hacer, además mientras estaba inconsciente ya me había encargado de atarle piernas y brazos, y con las tijeras quirúrgicas que llevaba empecé a cortar los puntos de sutura de su abdomen, puntos que seguramente le había puesto Gerry- Ésta es tu sentencia por la muerta de la pequeña Moira, -corté el primer punto, sus ojos estaban inyectados en sangre, cada vez que intentaba gritar la tela entraba más en su tráquea-, ahora tendría 19, sería una mujercita feliz, tú le quitaste su vida, alguna vez me dijo que le gustaría ser enfermera, tal vez ella estaría aquí hoy, habría visto a su tío y hubiese hecho todo lo posible para salvarte, pero por tus actos soy yo la que está aquí.

-Corté otro punto- esta es por Tara, era tan risueña, sabía cómo alegrar la vida a cualquiera, alguna vez te vi reír con sus gracias, tal vez ella te hubiese animado en tu recuperación una vez hubieras vuelto al hogar, ahora tendría 18 años.

-Corté otro punto, lágrimas surcaban sus angustiados ojos-, Aileen ahora sería una importante escritora, estoy segura de ello, la arrancaste del mundo y con ella toda su obra que hubiese perdurado más allá de nosotros, hoy tendría 24 años.

-Corté otro punto, la sangre manaba de su abdomen, él luchaba con desesperación, era inútil, con cada movimiento más puntos se abrían y la hemorragia era mayor-, Devani ahora tendría mi edad, la adoraba, sus manías de enumerarlo todo, de reflexionarlo todo, parte de ella vive en mí, jamás hubiese llegado hasta donde estoy si no me hubiese ayudado de esa parte que tanto admiraba en ella, su manera de ponerlo todo en su justo orden para ir más allá de lo que todos los demás considerábamos evidente, espero haber estado a la altura de mi preciosa hermana.

-Corté otro punto, sonreí al verlo, empezaba a aceptar su destino, empezaba a ver en él resignación, dejó de forcejear- Empiezas a entender que no hay nada que puedas hacer, no les diste una opción, cortaste todas sus posibilidades de ser, decidiste sobre ellos, ahora ves lo que se siente, imagina como Sorcha e Ian pudieron sentirse atados, viendo como sus hijas los veían morir de esa manera tan …

, no hay palabras, no existe un nombre para algo así, abominable, horroroso, puede ser lo que te está pasando a ti o a mí en su momento, pero lo de ellos es tremendamente superior a cualquier posible atrocidad.

-Solté dos puntos-, luego corte lo que quedaba, por Roger O´Donell, que dio trabajo a todos los que pudo, más allá de sus posibilidades y de lo que la prudencia dictaría, y aun así mantuvo a su familia, y logró que otros hicieran lo mismo, viajero intrépido, devoto padre y marido, recuerdo como junto a él me sentía calmada, tranquila, feliz, sentir su calor me llenaba de amor, él me enseño lo que era el amor, un amor puro, el amor de un padre -no me había dado cuenta que estaba llorando, lo había hecho desde un principio, no quería que me viese llorar pero lo había hecho, y en el momento que instintivamente limpié mi mejilla con el dorso de mi mano fui plenamente consciente.

Vi sus ojos y estaban vacíos, no sé en qué momento exacto murió, caí de rodillas y vomité al lado de su cuerpo, llorando y vomitando, por la rabia, por el dolor, por el asco que sentí por mí misma y no quería sentir-

Recuperé la noción de la realidad al escuchar el estruendo de los disparos, las bombas, los gritos ¡estábamos siendo atacados!

- ¡Luisa!, no lo hagas -Gerry entró corriendo a la gran tienda de campaña, al observar el cuerpo de Samuel dijo- He llegado tarde, Luisa, lo siento.

- ¡No digas que lo sientes, no te compadezcas de mí!

-grité limpiándome el vómito y poniéndome en pie, él me abrazó- ¡Suéltame, no te atrevas a tocarme!

, esto lo había pensado antes de conocerte, antes de que fueras alguien en mi vida, no puedes simplemente entrar en la vida de alguien y pedirle que no sea ella misma, esta soy yo ¡Conóceme!

-gritaba y le golpeaba, él no se defendió-

- Tenemos que marcharnos, he sacado a Betty, no podemos seguir aquí, debimos irnos hace horas, pero no te encontraba. ¡Vámonos, mi amor!

- No me digas mi amor, déjame en paz, no necesito a nadie. No necesito que nadie me juzgue, vete déjame aquí, sálvate tú.

- Sé lo que te estás haciendo Luisa, sé que te sientes culpable.

- ¡Culpable!, me siento pletórica, es así exactamente como esperaba terminar con todos, verlos rogar, luchar y luego simplemente aceptar su destino, todo mientras mirándome a los ojos exhalan su último aliento, sabiendo que lo hice yo, que les hice pagar, no me siento culpable -me mentí y le mentí-.

Me enfurece saber que sólo ha sido así con uno, a tu padre no le vi el rostro al ser empalado, pero escuché su grito.

- ¡Basta, nos vamos! –me sujetó del brazo y me llevó arrastrando, a mitad del camino le mordí- Para, no luches, nos vamos, comprende que nada de lo que digas me va a hacer pensar mal de ti, ni lo que he visto, ¡nada!, te conozco Luisa, no me vas a ahuyentar.

- No quiero a nadie, no te quiero, nunca te he querido, solo has servido para satisfacerme, no quiero nada, lárgate, vete.

- Te amo Luisa, siento que me amas también, y aunque no lo hicieses te sacaría de aquí, deja de luchar, te noquearé si es necesario, pero quiero que salgas por tu pie, debemos movernos rápido, tú decides, si quieres me alejaré de ti, si no me amas me iré, pero mientras piense que lo haces no me separaré de ti, ¿lo comprendes Coronel?

- Lo he matado, lo has visto, nunca lo olvidarás, lo que has visto no lo olvidarás, lo sé.

- No lo sabes, no lo sabes todo Luisa, nadie puede. Aun así, debes confiar que mi amor es más fuerte que esto, dame la mano, confía -estiró el brazo, me pedía elegirlo, elegir la luz-

- ¿Cuándo esté perdida, encenderás una bengala para iluminar mi camino?

- Todas las que sean necesarias y cuando no queden, encenderé una hoguera, ¿me escuchas?

- Te escucho -dije llena de amor por ese hombre, que siempre decidía salvarme, que siempre votaba a mi favor, por mi absolución, porque me perdonaba sin yo pedírselo, porque me perdonaba cuando yo no lo hacía y le di mi mano-

La situación fuera era demencial, tan sumergida estaba en mí, que no fui enteramente consiente de la lucha que se llevaba fuera, aun mayor a la que había llevado yo.

- Debemos llegar a ese camión, vamos.

Nos pusimos a correr, a punto de llegar a un camión con enfermos, lo sentí. Paré secamente soltándome de la mano de Gerry que había avanzado un poco, me giré y lo vi tirado en el suelo, herido, sangrando, muriendo.

- ¡Luisa! -gritó Gerry-

Yo corrí hacía Killian y me tiré al suelo para revisarlo.

- ¡Luisa! -volvió a gritar Gerry, levanté mi cara hacia él, cuando vi como una bomba caía en el camión que estaba detrás de él.

Su mirada de desconcierto por dejarlo y cómo yo tapaba con mi cuerpo a Killian para protegerlo de la explosión, todo ocurrió en menos de un segundo, estoy convencida, pero todo lo viví y de todo fui consiente hasta que dejé de serlo-

Dos días después me desperté en la cama del barco hospital, Betty estaba conmigo, mi cuerpo estaba conmocionado por la explosión, me dijo que era francamente milagroso como había salido prácticamente ilesa, todos pensaban que debía tener daños internos hasta que desperté.

¿Ilesa? Le pregunté, como podía estar ilesa, si mi alma había desaparecido, mi corazón se había detenido, mi ser.

- Nena, pensé que no lo recordabas. Lo siento mucho.

- ¿Entonces es verdad, no es una pesadilla? -me levanté de la cama y caí al suelo-

- Luisa no puedo ir a ti, cariño, por favor -dijo Betty enyesada desde su catre-

- Está muerto, está muerto, yo lo maté, por mi culpa ha muerto, Gerry, mi amor.

- No es tu culpa, ha sido una explosión.

Le había dado mi corazón, era un hombre maravilloso, era mío y yo suya y no supe estar a su altura.

No quería entregar mi corazón porque no quería perder, era una maldita lacra, mataba todo lo que amaba.

Él no debió amarme y ahora seguiría vivo.

Cómo te digo, “Gerry iría corriendo hacia ti, te cubriría con mi cuerpo, dejaría que explotase en mil pedazos si a cambio tú vives”, automáticamente recordé a Killian-

- Betty había otro soldado a mi lado, ¿sabes si está vivo?

- Hay un sargento que ayudó a rescatarte, también está herido. Me dijo que sólo tú sobreviviste, eras la única en el radio de explosión, te consideran un milagro, y seguro más ahora que has despertado, la vida te ha bendecido, Luisa me escuchas.

- ¿Dónde está el sargento?

- No es conveniente que te muevas.

- ¿Dónde está el sargento? -grité llena de desesperación.

- Es el Sargento MacFerson, pregunta por él a la enfermera.