EN LA COLINA DE TARA EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #14
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EL ANCIANO, EL JOVEN Y LA ENFERMERA #14

Yo lo acogí, y lo escondí. Juntos éramos invencibles.

Hasta aquel día, él día que todo guerrero espera, fui embestido por un hacha, caí al suelo redondo, el golpe en el abdomen había dejado mis entrañas expuestas, cuando mi contrincante iba a darme el golpe de gracia, Dunlang saltó sobre él y lo mató.

Fue a donde yo yacía moribundo, Dunlang casi no se protegía en batalla, pues sus heridas se curaban, ya te puedes imaginar lo soberbio e imprudente que te vuelves cuando nadie puede acabar contigo.

Se despidió de mí, y yo de él. El sangraba profusamente por una herida en la cabeza y en un momento sentí como caía su sangre en mi boca, en mi abdomen, en un principio no fue mucho lo que sentí, era una leve energía, un segundo antes sentía como la vida se iba apagando y de repente era como si el interruptor que estaba siendo apagado se volviese a encender.

Eso me reanimó y le pedí más de su sangre, él, aunque atónito por mi necesidad me la dio sin preguntar, ese día no morí, pero tampoco sané, cada día me daba su sangre como medicina, hasta nueve días más tarde no me pude levantar, doce días después estaba curado del todo.

!Qué maravilloso descubrimiento habíamos hecho fruto de la casualidad!

, de repente Dunlang se convirtió en mi primer dador, pero he de decirte que la indestructibilidad no es el único beneficio que recibí de su sangre, empezamos a sentir una conexión mental, todo empezó con sueños que eran realmente vívidos, un día se lo conté, él sorprendido me dijo que había tenido el mismo, luego pensamientos, éramos dos armas perfectas, conectados a tal nivel que luchábamos como un único guerrero, en un principio esa conexión nos parecía maravillosa a ambos, pero mientras más sangre me daba más intensa era, había días en los que me despertaba sin saber qué había pasado durante una semana, a él le sucedía lo mismo, en esos días no éramos nosotros sino el otro.

Todo fue bien durante setenta y cinco años, pero Dunlang, empezaba a cansarse de tener que cohabitar conmigo, lo percibía, había decidido dejar de alimentarme, y yo me adelanté a él, tomé su voluntad mientras todavía yo era fuerte y aproveché que él estaba en un periodo de letargo, en ese periodo consumí su sangre, hasta dejarlo bajo mínimos, eso me hizo más fuerte y él quedó sometido indefinidamente a mi voluntad.

Así viví durante ochenta años más, hasta que empecé a preocuparme, en cuarenta años todo acabaría, si bien antes me sentía pletórico al pensar en doscientos años, en un mundo donde pocos llegaban a la vejez, luego sentí que era poco, no era un anciano deseoso de morir, era joven y quería tener toda la eternidad por delante, ¿cómo iba a terminar así?

, no podía concebirlo. Así que recordé las palabras de Aibhill a Dunlang, “doscientos años a ti y a tu descendencia”, esas palabras las rememoraba una y otra vez, de ellas inquirí que la sangre de sus descendientes adquiriría el mismo poder renovado.

Dunlang sometido a mi voluntad, preñó a una mujer, fruto de ese encuentro nació una muchacha, cuando llegó a la edad de procrear yací con ella, y nació un niño.

No me ligué emocionalmente a ese niño, lo dejé crecer como al resto de mis bastardos, les daba lo necesario para vivir y esperé.

Te preguntarás por qué no lo tuve a mi lado, y de ahí parte todo, la razón que tanto has buscado.

No obstante, la sepas o no, no te traerá a la vida a los tuyos, una vez la sepas, no te procurará calma, sólo entendimiento.

Aibhill prometió doscientos años de vida saludable, a él y a sus descendientes, Dunlang no cumplió el trato, aun así, se lo concedió pese a todo, ¿por qué?

te preguntarás, por su honor lo perdió todo, todo lo que amaba en este mundo, por luchar con su rey, supongo que por ello decidió compensarle.

Reflexionaba sobre cada detalle de ese trato, lo pensé durante años, no iba a cometer el más mínimo error, ese niño lo debía perder todo, y así los mantuve alejados del mundo, sólo amado por su madre, a cambio yo les procuraba bienestar, llegado el día, maté a su madre, de nada sirvió, no apareció la bean-shidhe, su sangre no tenía nada especial, en algo me había equivocado.

En ese tiempo habían pasado ya catorce años, enfurecido acabé con la vida del pequeño, siento decirlo, pero mi temperamento era otro y estaba mal acostumbrado a terminar con todo lo que me incordiaba.

Entraba en los recuerdos de Dunlang cada vez con más fuerza y a voluntad, repasé su trato, su sentimiento de culpabilidad por la muerte de todos los que una vez amó.

Decidí copiarlo todo a la perfección e hice que Dunlang preñara a otra de mis bastardas, crio al niño Domnall se llamaba, de la misma manera y cuando me presenté ante él hice que acabara con su madre.

Te preguntaras cómo, tal como hizo Killian en su momento.

- ¿Qué has dicho?, Killian no mató a su familia, fue Hans, no intentes manipularme, ni confundirme, no lo conseguirás.

- Esa no es mi intención en absoluto, pero sirvió, el joven llegó a la edad adulta y paró de crecer, yo consumía su sangre y él apenas era consciente de nada, tal como Dunlang.

Al final de ese tiempo Dunlang empezó a envejecer a una velocidad antinatural hasta que exhaló su último aliento, celebré un ritual en su honor y de esa manera he vivido durante más de mil años.

En el camino fui descubriendo cosas, como que los ojos negros son señal de que la sangre de Dunlang es más fuerte en esa persona, preferí utilizar a mis hijos para que procrearan dadores, buscaba mezclar nuestras sangres, aunque he visto que no es necesario, más es una manera de tener controlados a los descendientes de Dunlang, preferí no ser el padre de mis dadores, era peligroso pues a veces la gente se aferra a sus padres, pero esa es otra historia.

A partir de aquella mala experiencia, tenía un hijo sin la sangre de Dunlang y él era el que se juntaba con un descendiente de Dunlang, tal como hizo Colm con Beatrix, así que a lo largo de tantas generaciones, no sólo era Dunlang sino yo su ascendente, tenían varios hijos y elegía al mejor, hasta que caí en una serie de fallos catastróficos, la rama familiar que seguía murió de tuberculosis, no los pude salvar porque en aquel entonces disfrutaba de los placeres mundanos en Venecia, me había acostumbrado a dejar que todo deviniera sin casi mi intervención y ese error fue fatal.

Fue así como encontré a John y me ayudó con mi búsqueda, el resto de la historia la conoces.

- Tú los parasitas, eres un puto parásito. Eso es lo que eres.

- Es una forma burda de verlo, pero básicamente es eso. Yo prefiero pensar que me dan vida, la valoro y dignifico más que ellos, pues la he vivido más. Somos una simbiosis donde ambos dependemos el uno del otro, ellos también acceden a mis pensamientos, viven una vida milenaria.

- Ellos no dependen de ti, eres tú él que depende de ellos.

- En eso te equivocas, una vez quise romper la conexión, era un alma tan cándida mi dadora que quise relacionarme con ella, relacionarme como iguales me refiero.

En cuanto rompí la conexión empezamos a envejecer, a morir, tuve que volver a “dormirla”, en ese sueño donde sólo viven a través de mí, conscientes para el mundo, inconscientes para ellos mismos.

Por eso sé que una vez nos conectamos, no cabe la posibilidad de desconexión.

- ¿Por qué eres un anciano entonces, si todo este cuento es verdad, por qué no eres joven y fuerte, por qué debemos cambiarte el pañal, por qué debo darte masajes para tu ciática, dime?

- Has visto a Killian en el agua, debería estar muerto, pero no lo está y sigues dudando.

- Así que ahora es Killian, no su hijo y del hada.

- Es un Killian mejorado, cuando se realiza la transición Aibhill los visita y con un grito que sólo podemos escuchar ambos, le transmite el don, sé que ellos la ven, yo a veces la vislumbro a través de sus recuerdos, todas son la misma, pero cada uno la ve a su manera, francamente es un ser sobrenatural, su visión es el terror puro, pero también enamora, son sentimientos tan dispares que lo asemejo a una boda y al acto sexual donde el que nace no es el mismo hombre, sino uno fruto de esa unión, su hijo.

- Realmente estás desquiciado, anciano.

- Entonces Luisa, dime tú cómo crees que Killian pueda seguir vivo, tú brillante enfermera, has llegado a ser enfermera jefa de un prestigioso hospital, no eres ninguna profana en la materia. Dímelo, Luisa, estoy ansioso por escucharte.

- Un tubo, que le permita respirar.

- Con esa temperatura no aguantaría ni una hora.

- Puede ser, pero tal vez ya no esté en el lago, tal vez todo sea parte de tu plan para convencerme.

- Eres realmente increíble Luisa, sé que lo sientes, sé que tienes la certeza de que es Killian, ¿por qué te niegas a aceptarlo plenamente?

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque Killian acabó con todos los que amaba menos contigo, pero aun así la sangre de Dunlang es tan fuerte en él, lo supe cuando vi esos ojos negros, tan profundos como los del propio Dunlang, no te haces una idea lo maravillado que me quedé con sus ojos.

Le di mi sangre, tomé la suya, estábamos ligados, sentí una fuerza instantánea y te sentí a ti, gritó tu nombre.

Cómo hizo para desconectarse, fue asombroso, yo he tenido mil años para perfeccionarlo, nadie lo había conseguido, excepto Killian, ni nadie se había convertido sin acabar con todos los que amaba, excepto Killian.

Déjame decirte que fue tan barbárico lo que hicieron que lo achaqué a eso, que Ainhill no dudo en venir cuando supo lo que Killian y todos los O´Brien pasaron esa noche, no tenía más que aparecer y darle el don prometido.

Killian es especial, Killian está unido a ti, y a mí por eso eres tan especial para mí.

Tengo un trato que nos beneficiará a los tres.